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miércoles, 26 de marzo de 2014

Las injusticias arbitrales, la vida después del Clásico


Dos días después todavía continúan los dimes y diretes sobre la actuación de Undiano Mallenco en el pasado Real Madrid-Barcelona. Los árbitros son usados como arma arrojadiza generalmente por los perdedores, son el justificante favorito para ocultar las carencias de los derrotados. Hoy mismo no sé qué ha dicho Ancelotti y luego le ha respondido Simeone, al mismo tiempo que el colectivo arbitral se plantea denunciar a Ramos y Ronaldo por sus declaraciones. ¡Qué pereza da todo esto!

                                                     

Lejos de querer entrar a valorar los aciertos o errores del trencilla, para eso hay cientos de artículos en la prensa deportiva o debates televisivos que lo habrán hecho ya, vamos a intentar ponernos en el lugar del árbitro, aunque sólo sea por unos momentos. Imagínese usted, amable lector, que se enfrenta a 22 jugadores que están dispuestos a engañarle los 90 minutos que dura el partido, cómo se sentiría usted ante todo un estadio lleno por decenas de miles de personas acordándose a la vez de su familia a voz en grito. Y todo esto con la exigencia de tener que tomar la decisión correcta en décimas de segundo, con la sola ayuda de los auxiliares, ya saben, dos linieres en los laterales del campo de juego y uno en los banquillos, aunque éste todavía no está debidamente justificado lo que hace. Para eso se le paga un buen dinero y, además, nadie le ha obligado a ser árbitro. Si usted piensa esto último, espero que nunca sea mi jefe. Si por el mero hecho de pagar un sueldo a un trabajador se le exige a cambio la perfección más absoluta en su labor, bajo una presión inmediata que pocos llegan a aguantar, conmigo no cuenten. ¿Se aplica alguien en la vida laboral la misma exigencia que se le piden a los árbitros?

Lo más chocante del caso es que
las ayudas tecnológicas que facilitarían el arbitraje no se terminan de aplicar por no sé qué santa tradición futbolera, por una supuesta discriminación entre el fútbol que se juega en los países con ligas potentes económicamente hablando y las menos pudientes, como si éstas no existieran ya. Con todas las cámaras que se colocan hoy en día en las transmisiones televisivas y la Alta Definición de las imágenes puestas a disposición de un árbitro, se acabaría con un gran porcentaje de las injusticias que azotan a los equipos de fútbol y sus aficiones. Y aun así, algunas jugadas tampoco quedarán claras.

A veces me pregunto
por qué el fútbol no observa otras actitudes, como las del rugby. Este deporte hermano, con la misma raíz, es un juego de contacto brutal, los dos XV se sacuden de lo lindo, pero cuando suena el silbato del árbitro -que además lleva micrófono para que telespectadores y los que lo ven en directo escuchen las razones de sus decisiones- nadie protesta, nadie reclama, el juego continúa sin más. Seguramente la respuesta sea porque, claro, el fútbol es un deporte, no un espectáculo ¿verdad?

¿Y tanto cabreo para qué? En el caso del
Real Madrid, no veo el drama por ningún lado: es colíder con el Atleti y está un punto por delante del tercer clasificado, el Barça. Le quedan 9 partidos de los cuales 5 los va a jugar en su estadio y rizando el rizo, si se llega a esta situación a la última jornada, Atleti y Barça juegan entre sí, con lo que cualquier resultado puede darse. En vez de quejarse tanto, el Real Madrid, debería preguntarse por qué Ronaldo estuvo desconocido, por qué Xabi Alonso hizo el peor partido que se le recuerda, por qué Gareth Bale fue prácticamente un cero a la izquierda... En fin, el que esté libre de haber dicho: “alguien quiere que no ganemos la Liga”, que tire el primer penalty.



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