Portada 3

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lunes, 3 de febrero de 2014

Luis Aragonés y Philip Seymour Hoffman


Hay fines de semana que lo mejor que se puede hacer es quedarte en casa, sentarte en el sofá, manta, buena compañía, buenas películas, lectura y pasar el chaparrón, porque vaya con el descanso semanal. Estos dos personajes que nos han abandonado estos dos días atrás tenían una cosa en común: eran muy buenos en lo que hacían.

                                                        
                                   20minutos.es

Luis Aragonés, visto desde la grada, desde el punto de vista del aficionado, era genio y figura. Mejor tenerlo en tu bando que en el contrario. Hizo del fútbol su modo de vida, jugó y entrenó a numerosos equipos españoles y tuvo, además, una aventura en Turquía, con el Fenerbahçe. En los convulsos primeros años 90 del Real Madrid, sonó en alguna ocasión para el banquillo, pero su pasado como mito atlético pesaba mucho. Una pena, él lo merecía en su trayectoria y seguramente habría dejado huella de su paso. Debido a su larga trayectoria conocía y hacía uso de aquello que no está escrito pero es ley en el fútbol: los códigos, el de conducta, el de mérito para elegir un once titular, de la tradición en definitiva. Cosas que el jugador profesional valora y el aficionado percibe y siente como propias. Aquel equipo que contara con sus servicios sabía que Luis, en tercera persona como a él le gustaba, iba a defender su escudo a muerte. Buena prueba de ello han sido las muestras de pesar de los jugadores que ha tenido a su cargo. Destaco las de Xavi Hernández, Iker CasillasPep Guardiola y Fernando Torres. No voy a descubrir aquí su trayectoria, es por todos conocida, ni el mérito que tuvo al dotar a la selección de un estilo. Simplemente quiero recordarle con agradecimiento por hacer lo que hizo y por su profundo amor al fútbol.

                                                        
                              20minutos.es

Ayer por la tarde saltó la noticia de la muerte de
Philip Seymour Hoffman, lejos de entrar en las circunstancias, el hecho es que se va uno de los actores de los que sólo cabía esperar lo mejor. Para muchos quedará en el recuerdo por su impecable actuación de Truman Capote, pero a mí me impresionó en The boat that rocked, aquella película sobre las emisoras ilegales que emitían desde aguas internacionales rock & roll, soul, pop... estilos musicales mal vistos por el gobierno británico. Mereció mejor suerte esta película. De Philip Seymour destaco sobre todo su credibilidad como actor, da igual que fuera un drama o comedia, que encarnara a un escritor, a un DJ o a un atracador como en la inolvidable Antes que el diablo sepa que has muerto de Sydney Lumet. Nos quedan sus películas para recordarle. Qué pena.

Con
Luis Aragonés se ha cumplido la ley de la vida, con Seymour Hoffman la injusticia de una muerte temprana. Tuvieron la suerte de dedicarse a lo que mejor hacían y amaban, fueron dos talentos que engrandecieron al cine y al fútbol, asuntos que van directos al corazón. Así recordaré a Luis, encabronado con las gafas en la punta de la nariz y mirada penetrante desde el banquillo sin pasar una a nadie ya fuera jugador propio, rival o árbitro; motivador de almas para el objetivo común. A Seymour como ese DJ canalla, como ese hijo capaz de lo peor o como ese periodista enfangado en la historia de un crimen para darlo a conocer y para su mayor gloria, en definitiva le recordaré como un gran actor.



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