Portada 3

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miércoles, 12 de febrero de 2014

La primera vez en el Bernabéu


Esto es algo muy propio de los futboleros: “la primera vez que fui al Bernabéu, que vi a Santillana, vi a Juanito, a la selección, aquel gol histórico, etc... y es que en contra de lo que parece, el aficionado tiene mucha memoria, más que los propios protagonistas de estas historias que no son otros que los futbolistas, presidentes de clubs, árbitros...

                                                         


A lo que iba. Mi primera vez en el
Bernabéu no fue para ver precisamente al Real Madrid, sino al Castilla. Estamos en 1980, el filial madridista logrará llegar a la final de la Copa del Rey precisamente contra el Real Madrid, proeza que nunca se va a poder repetir porque a raíz de esta situación, los equipos filiales nunca volvieron a participar en la Copa de España. El estadio no había iniciado la remodelación para el Mundial 82, todavía estaban las míticas porterías con los arcos que sujetan la red, el recinto estaba tal y como era desde los años 50 cuando se cerró el popular tercer anfiteatro paseo lateral alto. Me reconforta haber estado en el mismo espacio que el Madrid pentacampeón de Di Stefano, Puskas, Gento; el de los ye-yes de Amancio, Pirri... Aquel partido fue en la ronda de cuartos de final contra la Real Sociedad de Arconada, el Castilla eliminó hasta llegar al último partido del torneo al Hércules, Athletic de Bilbao, la propia Real Sociedad y Sporting de Gijón en semifinales, una auténtica gesta.

Todo esto da una idea de la edad que voy teniendo. Mis recuerdos de esta primera vez son muy difusos, no podía ser de otra forma, pero sí recuerdo mirar maravillado aquella construcción enorme, tanta gente allí metida,
el ambiente, el olor a puro, a copa de cognac, los vendedores de bebidas con sus chaquetas blancas, neveras de latón y sus ripios castizos. Otros tiempos.

La primera vez que sí vi al Real Madrid tuvo que esperar dos años más.
Real Madrid - Málaga. Tras dar mucho la brasa, logré convencer a mi pobre padre para que me llevara. Tengo viva la emoción de bajarnos del coche para comprar las localidades en La Madrileña, aquel quiosco de reventa autorizada que estaba, más o menos, donde ahora se levanta una de las torres de acceso al graderío superior del estadio, la que hace esquina entre la calle Concha Espina y el Paseo de la Castellana. Aquel día hacía un frío pelón. Tengo localizado el sector del graderío donde estuvimos, segundo anfiteatro fondo sur, casi en el córner, pegado al lateral del gallinero. El estadio estaba semivacío para ver aquel partido. Ganó el Madrid por 1-0, gol marcado de penalty por Juanito en un partido francamente malo. Estoy viendo cómo lo transforma y lo celebra. Lo que realmente marca la experiencia, más que el propio resultado, es ver a los protagonistas in situ, el olor a hierba, la humedad del riego, el ambiente, el colorido del público aunque escaso aquel día, ver todo lo que has visto por televisión en vivo y en directo.

Aun siendo muy aficionado desde niño como se puede ver, nada parecía indicar la
enfermedad que desarrollé de mayor haciéndome socio y no perdiéndome ningún partido salvo los estrictamente necesarios y por compromisos ineludibles. Porque hay que estar un poco pirado, esta es la verdad. Qué le vamos a hacer, pero no se preocupe amable lector, los futboleros somos gente de bien. Continuará...



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