Portada 3

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viernes, 24 de enero de 2014

La gran belleza, quería que me gustara


Tal vez ha sido el fenomenal boca a boca, quizá esperar que la película fuera por otros derroteros, seguramente ha sido la envidia mal sana que produce ver que el protagonista tiene una terraza con vistas directas al Coliseo romano. Lo cierto es que cuando salí del cine las sensaciones no fueron buenas. ¿Cómo explicarlo si los actores son estupendos, el entorno visual fascinante y las fiestas, ay las fiestas, son de las que nadie se quiere perder y además en Roma? Espero ser capaz.

                                                          

Jep Gambardella
es un escritor de un sólo éxito que, incapaz de encontrar de nuevo la inspiración, se refugia en el periodismo como modo alimenticio de ganarse la vida. En el centro de la vida social romana, Gambardella sobrevive a la superficialidad e insustancialidad que le rodea aferrado al recuerdo de un amor de juventud. Toni Servillo, actor que da vida al protagonista, es realmente increíble, la expresividad de su rostro, cómo irradia su personaje al espectador. El resto del reparto, el pagafantas, el fiestero irredento, el vecino misterioso, la amante, conforman un buen retrato coral de la vida social romana. A este respecto, hay que señalar la brillante crítica del submundo de la cirugía estética. El cine, quizá causa y cómplice de la desfiguración de los rostros, mayoritariamente femeninos, debería hacer más para evitar esas caras que parecen sacadas del mismo molde. ¿No ve usted por la calle un estereotipo de rostro femenino tipo Cristina Fernández de Kirchner?

Tal vez las
malas sensaciones que me produjo la película vengan de tramas de la historia no explicadas lo suficiente: el turista oriental; otros alargados hasta la saciedad: el misterioso hombre de las llaves por ejemplo, complicando así la narración, haciendo que el espectador se pierda en la historia. También hay personajes que, a mi modesto entender, sobran, como el cardenal; si cuentas la trama del hijo deprimido ¿de verdad es necesaria la charla de la escritora engreída?

                                                       


Todos estos
excesos narrativos hacen que el metraje se dispare hasta los 142 minutos, es decir 2 horas y 22 minutos. Para llegar a esta duración hay que justificarlo muy bien. Por ejemplo, de Woody Allen se pueden esperar películas pasables, menos buenas y muy buenas, nunca malas. Pocas veces pasa de los 90 minutos, hora y media es tiempo más que suficiente para una narración cinematográfica.

Esta reflexión me hizo acordarme de un disco de The Clash:
Sandinista. Este álbum de 1980 salió en formato triple, los tres vinilos contienen canciones excelentes pop, rock, reivindicativas: Hitsville UK, Somebody Got Murdered, Washington Bullets, etc... También incluyen canciones experimentales que realmente no enriquecen el LP: Mensforth Hill, Shephers Delight, One more Dub... Si Sandinista hubiera sido un álbum de un solo vinilo, seleccionando las mejores canciones, estaría mejor considerado. Creo que a La Gran Belleza le ocurre lo mismo que al Sandinista: le sobra metraje, con 90/100 minutos habría quedado mucho mejor, menos densa, menos barroca. Y ya lo siento, igual deseaba en exceso que me gustara.

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