Portada 3

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lunes, 8 de febrero de 2016

eeeeee... ¡CAAA-BRÓÓN!


Los aficionados al fútbol más veteranos lo recordarán. Este era el grito de guerra que acompañaba a cada saque de puerta del portero que osaba a defender sus redes como visitante no hace tanto tiempo atrás. El multitudinario coro comenzaba a sonar en las gradas cuando el arquero se perfilaba para coger carrerilla para chutar el balón desde la esquina del área pequeña hacia el campo contrario. El zumbido de la segunda vocal se incrementaba a medida que lo hacía la carrera del portero en pos del balón y justo cuando golpeaba el cuero blanco con pintas negras y salía volando hacia las alturas -cuidado con los ovnis- decenas de miles de personas aclamaban los presuntos cuernos del cancerbero a la vez. Cabía la posibilidad de que el portero, al correr, hiciera un amago y reiniciara la carrera, algunos lo hacían seguramente para provocar al público, pero la consecuencia a la larga era peor, el cántico ganaba en intensidad.

Esta era
una de las canalladas por parte del público que eran muy frecuentes en los campos de fútbol no hace tanto. Otra bastante absurda era la de secuestrar el balón cuando éste caía en la grada, sobre todo si lo que interesaba era perder el tiempo para el equipo local de turno. Aquello no tenía nombre, el partido parado hasta que una panda de gamberros decidiera devolver el balón mientras cantaban a los cuatro vientos ¿Paco Lobatón, dónde está el balón? Sí amigos, aunque parezca mentira, durante un partido de fútbol profesional, de élite, el juego podía estar parado porque el balón no era devuelto por el público, como si fuera el patio del colegio y el único esférico disponible saliera despedido por encima de la tapia.

                                                        



Otro detalle que se ha perdido para siempre, aparte del respeto por parte de la Liga hacia los aficionados por lo que se expone a continuación, es el de informar en el marcador a los espectadores de un estadio de aquellos goles en campo ajeno que según la conveniencia del equipo local
eran celebrados o pitados a conveniencia. Así te podías encontrar con que tu marcador se transformaba en rojo, blanco y negro en honor al uniforme que vestía el equipo local dónde se había modificado el tanteo, mientras se podía leer: 'Gol en Las Gaunas'. Aquellos compañeros de grada provistos de auriculares conectados a la radio anticipaban el regocijo o la rabia, éstos sí que eran spoilers. Todos los partidos se jugaban mayoritariamente el domingo a las 17:00 horas o bien el sábado por la tarde, horarios respetuosos con los espectadores y peñistas que se desplazan cientos de kilómetros para ir a ver a su equipo. Algo parecido a lo de hoy cuando te puedes encontrar partidos en día laborable a las 16:00 por obra y gracia de las todopoderosas televisiones y la Liga de Fútbol Profesional.

Eran tiempos de porteros, los otros, los de las puertas de acceso al estadio, con eterna cara de mala leche
como si la gorra que lucían en la cabeza con el escudo del club fuera una especie de tricornio que les otorgaba el poder de repartir collejas a los chavales como los antiguos maestros a la vez que se dejaban sobornar por los mayores que accedían a las localidades más caras del campo de fútbol. Eran tiempos de dorsales del 1 al 11, de alineaciones patrocinadas por Feymaco, Samayco y Mayfeco, de avalanchas en la grada, de sudar la camiseta tanto como los que estaban en el césped, eran tiempos de fútbol popular con alma y de cultura de grada, de olor a puro y sabor a cognac, con sentido de respeto al aficionado y a la tradición.







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