Portada 3

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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Matthias Sindelar supo decir que no

¿Qué haría usted si su país fuera invadido por una potencia extranjera y además ésta empezara una persecución contra usted y los suyos? Esto fue lo que le pasó a Matthias Sindelar, héroe austriaco elegido popularmente como el mejor deportista del siglo XX de su país.


                                                          

Sindelar formó parte del llamado Wunderteam, aquella selección que deslumbró en el Mundial de 1.934 en Italia. Cuatro años antes fue una de las selecciones europeas que no viajaron hasta Uruguay por lo lejano y costoso del viaje, perdiendo así una oportunidad de lograr un resultado histórico.

Delantero del Austria de Viena, Sindelar era conocido como el
Mozart del fútbol o como el hombre de papel por su extraordinaria fragilidad. Su juego era fuera de lo común dominando tanto el gol como el control del balón. Ganó tres Copas de Austria con su equipo.

En 1.938
Alemania anexiona Austria, el Anschluss. Esto suponía el fin como nación de Austria a todos los niveles, siendo el deportivo uno más. Alemania había hecho un papel muy discreto en el torneo de fútbol disputado en los Juegos Olímpicos de Berlín en el 36. El mundial que se iba a celebrar en Francia en 1.938, último antes de que se abrieran por segunda vez las puertas del infierno, suponía para Alemania la oportunidad de sacarse la espina del fracaso olímpico. Y ahora podrían contar con los mejores jugadores austriacos.

                                                           
                                                      



Así pues, poco tiempo después del
Anschluss se celebró en el estadio Prater de Viena un partido entre las dos selecciones que pronto iban a ser una sola, a modo de despedida del anexionado y de bienvenida del invasor. Corría el rumor de que los locales recibieron consignas para dejarse ganar para así obtener Alemania una victoria propagandística. El propio Sindelar falló aposta goles cantados durante la primera parte. Después del descanso Karl Sesta y Sindelar marcaron dos goles. En la celebración de uno de ellos, se dirigieron al palco, repleto de altos cargos nazis y Sindelar inició una danza burlesca dirigida a todos ellos. Como era de esperar, nunca se lo perdonaron.

Una vez
unificada la selección, le ofrecieron a Sindelar la posibilidad de unirse a ellos, pero se negó en redondo. El Mozart del fútbol, con raíces judías así como su novia italiana, odiaba a los nazis y no podía soportar la suerte que corrió su país. Aparecieron los dos muertos el 23 de enero de 1.939. Los motivos nunca se aclararon del todo, lo que sí está documentado fue el seguimiento al que le tenía sometido la Gestapo. La versión oficial decía que se habían suicidado con el gas, aunque nadie se encontró una llave abierta o desperfecto alguno en las conducciones. Sus amigos solicitaron un funeral de estado, pero los alemanes lo negaban al considerarlo un suicidio. Ante la presión de los mismos y por la conmoción popular, los nazis cedieron cambiando el dictamen de suicidio por el de intoxicación por monóxido de carbono. Miles de personas despidieron a Matthias Sindelar por las calles de Viena. Su tumba se ha convertido en lugar de peregrinaje para aquellos que recuerdan a los héroes.

                                                         



Como ya sabrán, uno de los objetivos de este blog es aficionar al fútbol a la gente que no le gusta, espero que con historias como esta lo logre. Con Matthias Sindelar podemos decir que hubo gente del fútbol que dio un paso al frente cuando la situación se estaba poniendo muy peligrosa.

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