Portada 3

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jueves, 11 de agosto de 2016

Ver la Supercopa en el aeropuerto


No, no se crean que fue por un viaje personal a un paradisiaco destino sino para acompañar a un familiar que, como los Mundiales, sólo vuelve a casa cada cuatro años. Así, entre colas para hacer la facturación del equipaje y mientras hacíamos tiempo para el embarque y la despedida, nos acercamos a una cafetería del aeropuerto para tomar algo. El local, por el nombre que luce, parece una franquicia de una conocida marca de cerveza muy arraigada en Madrid y dispone de numerosas y enormes pantallas donde llegada la hora, sintonizaron la transmisión de la Supercopa de Europa.

Llamó la atención, mucho y para bien, la cantidad de jugadores jóvenes y españoles que alineó
Zidane de inicio en el Real Madrid. Evidentemente las circunstancias mandan y lo normal es que no se repita mucho este equipo, pero reconforta ver cómo se consolida Lucas Vázquez, cómo Asensio se está ganando el dorsal que no tenía hace justo un mes, da mucha seguridad ver a Kiko Casilla en la portería en ausencia de Navas, da mucha alegría ver a Carvajal corriendo la banda como si no hubiera un mañana. El partido, para la altura de la pretemporada en la que nos encontramos y teniendo en cuenta que hace apenas unas semanas todavía se estaba jugando la Eurocopa, no estuvo mal. Hubo mucha emoción, buenas ráfagas de buen juego y auténticos golazos.

                                                          



Volviendo al bar de aeropuerto, ahí se concentraron
aficionados de buena parte del mundo, miembros de la tripulación de los aviones que tomaban un refrigerio antes de partir y algún que otro despistado que pasaba de todo y sólo prestaba atención a su teléfono inteligente. Predominaban los aficionados madridistas por los gestos de decepción cuando el Sevilla empató a uno y cuando árbitro señaló el penalty a favor del equipo andaluz, algunos incluso lucían camisetas o gorras del Madrid recientemente adquiridas en su visita al Foro.

Todos ellos miraban absortos a las pantallas dispuestas en todos los ángulos del bar para que nadie se quedara sin posibilidad de ver el partido, cuando de pronto
me fijé en las fotos que decoran la única pared del local: todas hacían referencia a la cerveza y su fabricación, pero en una de ellas se ve a un grupo numeroso de hombres trajeados, sentados alrededor de unas cuantas mesas. Distinguí que quien aparecía en primer plano es Ignacio Zoco, a su izquierda estaba Antonio Calderón y a sus espaldas estaba Ramón Grosso. Parecía ser una instantánea de una concentración o el intervalo de un viaje del Madrid de la época. Después de apartar mi vista de la foto, volví la mirada a todos esos madridistas llegados desde los cuatro puntos cardinales y me pregunté a mí mismo si alguno de ellos se había fijado en la foto y si sabían quiénes eran estos tres mitos del madridismo. Supongo que el fútbol moderno es lo que tiene, el rabioso presente y nada o poco más.






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