Portada 3

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martes, 16 de diciembre de 2014

Desalojo del Bernabéu


El pasado día 12 se cumplieron diez años de aquel Real Madrid-Real Sociedad que se vio interrumpido por una amenaza de bomba que al final resultó ser falsa. No fue la primera vez que el Bernabéu se veía envuelto en una amenaza terrorista. En 2002, horas antes de la semifinal de la Copa de Europa contra el Barcelona, un coche bomba, estalló junto a la Torre Europa, en la Plaza de Lima a escasos metros del estadio. Que hubiera un atentado en el Bernabéu era un temor que frecuentemente comentábamos los socios. Afortunadamente, en estas ocasiones nadie sufrió consecuencias.

                                                      


Volviendo a aquel 12 de diciembre de 2004, todos los que estábamos viendo el partido
in situ, esperábamos ya en final del encuentro con la esperanza de marcar el segundo gol que deshiciera el empate a uno. Tampoco recuerdo nada más, lo que no dice mucho de cómo se estaba jugando. De repente el cuarto árbitro entró en el césped, estando el balón en juego como alma que lleva el diablo. Ante la extrañeza general tras decir algo a Lizondo Cortés, éste pitó señalando el túnel de los vestuarios. Los jugadores se quedaron parados hasta que reaccionaron corriendo todos hacia la caseta. Justo en ese instante sonó por megafonía un tono de aviso nada habitual en el estadio, como de estación de tren. A continuación, una voz, tampoco la que lee las alineaciones normalmente, pidió a los espectadores que abandonáramos de forma ordenada el Bernabéu. De momento, nadie en el público sabía a ciencia cierta qué estaba ocurriendo, aunque todos lo imaginábamos. Las caras de la gente por los vomitorios y escaleras delataba cierta angustia e inquietud. Afortunadamente, no cundió el pánico. Ya en la calle, los que estaban conectados a la radio -recordemos: año 2004, los smartphones, Facebook o Twitter todavía no existían- comentaban la amenaza de bomba y la hora a la que se iba a cumplir, a las 21:00. Diez minutos antes, yo ya estaba subiendo la cuesta de la calle Concha Espina. Nada ocurrió al final. La Policía dio veracidad a la amenaza por el procedimiento que se siguió en la amenaza.

Los seis minutos que faltaban para acabar el partido se jugaron la
Noche de Reyes a puerta abierta. Allí nos congregamos de 20.000 a 30.000 espectadores, depende del medio donde leas la crónica. El ambiente, ya festivo por sí solo por el día que era, se vio favorecido por la particularidad de lo sucedido. Se trataba de una remontada esta vez en Liga. Una especie de muerte súbita o prórroga enloquecida. Aquello era un todo o nada en muy poco tiempo. El ritmo de juego fue frenético en cuanto se reanudó, la Real se defendía con orden ante las oleadas del Madrid, hasta que Guti se sacó de la chistera un pase al hueco a Ronaldo (el brasileño) de unos 60 metros. El carioca controló el balón, se introdujo en el área y regateó a Labaka. El defensa se tragó el regate e hizo falta derribando a Ronaldo. Penalty que transformó Zidane. Y se acabó, no hubo tiempo para más.

Se celebró
más por lo extraño de la situación que por la victoria en sí misma, porque en lo deportivo apenas aportaba nada, el Madrid ya estaba muy descolgado en la Liga. Queda para la historia el modélico desalojo, que no hubo incidentes destacables y que, principalmente, nada grave pasó. El Madrid sacó su tradicional carácter para remontar, pero el club daba síntomas de franca decadencia, deportiva e institucional. La deportiva se remontó, como siempre, no hay racha que sea eterna; la institucional prosigue, aunque ése es otro tema.









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