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domingo, 22 de junio de 2014

Carlos do Carmo, sábado 21 de junio en los Teatros del Canal


Ya he comentado aquí mi primera aproximación al fado, por tanto, me considero un aficionado que sólo empieza a descubrir la enormidad del género musical portugués, al que como casi todo lo referente al país vecino, damos la espalda, gran equivocación. Aun así, me voy a atrever a escribir este post sobre una de las leyendas del fado y sobre el concierto suyo al que asistí el pasado sábado en los Teatros del Canal.
                                                           
                              Carlos do Carmo

El recital de
Carlos do Carmo, de 74 años, formaba parte del Festival de Fado que se ha estado celebrando este mes en los nuevos teatros de la calle de Cea Bermúdez. El escenario de la Sala Roja apenas tenía una sobria iluminación y lo imprescindible para que la guitarra portuguesa, la viola de fado y el bajo acústico pudieran sonar, nada más. Al comenzar el recital, cualquiera se puede dar cuenta de que Carlos do Carmo está tocado por ése aura que rodea a las leyendas del arte: extremada educación; amabilidad además de actitud, mucha actitud con el público y máximo respeto para los músicos que le acompañan. Las ínfulas y los egos desmedidos quedan para los mediocres, como debe ser.

Luego de interpretar los primeros temas,
poemas musicalizados de entre otros Saramago, Carlos do Carmo dio paso a jóvenes fadistas con el que ha grabado el disco Fado é Amor: Marco Rodríguez, Cristina Branco y Raquel Tavares. Do Carmo tuvo la generosidad de, una vez interpretado un fado a dúo con ellos, abandonó el escenario dejando a los jóvenes que se luzcan y bien que lo hicieron.

El recital continuó agradeciendo el genial portugués la asistencia del público, consciente de que
competía contra numerosas actuaciones gratuitas que se celebraban el sábado en Madrid al ser el Día de la Música. La intensidad del concierto subió todavía un poco más al aparecer en el escenario Antonio Serrano, intérprete de armónica quien ha compartido escenario con, entre otros, el tristemente desaparecido Paco de Lucía. Conmovedores y sorprendentes fados interpretaron los dos juntos.

Carlos do Carmo también pidió la colaboración del público para cantar con él, explicó a la perfección cómo se pronuncia la palabra portuguesa sssstendida para los que, desgraciadamente, ignoramos la lengua de Pessoa, para llevar a cabo una interpretación coral de Lisboa menina e moça. La edad media del público era bastante elevada, así que en los primeros ensayos del coro de este fado la cosa quedó como un tímido estribillo de misa dominical, así que do Carmo animó con varios força para animar al respetable a subir el tono. Después de varios ensayos, la interpretación terminó cuajando, poniendo a todo el público de pie.

El concierto terminó con un bis que
Carlos do Carmo renunció a interpretar con el micro, se puso al borde del escenario y cantó a capella el último fado poniendo el vello de punta al respetable. Fue una hora y media intensa en emociones, música y arte, mucho arte. Escuchen a Carlos do Carmo, hagan caso al fado amigos, no les defraudarán.





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