Portada 3

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

No es deporte para gafes


No es que me considere a mí mismo una persona supersticiosa aunque hay ciertas cosas que intento evitar. Por ejemplo, el índice volumétrico de la radio de mi coche alcanza su nivel óptimo en el número 13. Bueno, pues tampoco pasa nada si se pone al 12 o al 14. En lo que al fútbol se refiere, lo peor que le puede ocurrir a alguien es que sea considerado gafe. A partir de ahí, no hay amistad que valga, ni compromiso familiar. El gafe es huido y aislado durante 90 minutos sin piedad. ¿No se lo creen? Sigan leyendo.

El estadio, los bares y el salón talismán

Como ya he contado en otro post, soy socio del Real Madrid. Tengo la suerte de que mi asiento está al lado de otros buenos camaradas. Entre nosotros tenemos la sana costumbre de cedernos los abonos cuando uno no puede ir al estadio o tiene un compromiso, pues bien, si el Madrid pierde cuando viene un extraño, a éste se le impone veto de asistencia de por vida, aparte de apellidarle para siempre como gafe:
¿Cómo está tu amigo, el gafe? O: perdimos contra el colista, ese tío es un gafe de primera.

Es conocido que los bares son lugares de comunión futbolera y más en un país como España donde no hay mucha tradición entre las aficiones de ir a ver a tu equipo cuando juega lejos de su estadio. Hay algunos de e
stos locales donde la liturgia balompédica es respetada, la atención es exquisita y lo que sirven es de máxima calidad. Dios libre al buen hostelero de que una derrota escandalosa, una remontada en contra o una eliminación en Copa de Europa contra un equipo, por ejemplo, islandés sea visto en su negocio. Es más, verán el rostro cerúleo del propietario del local, consciente de que acaba de perder a su clientela.

Por esa regla de tres, ya no quedarían bares en Madrid para ir a ver un partido de fútbol, ningún equipo gana siempre. Por eso mismo siempre suelo ir a casa de un amigo donde el
porcentaje de victorias es altísimo, no en vano en su salón he visto las dos últimas eurocopas y el último Mundial, ya saben. Mi amigo en cuestión conoce a un muy buen hombre, profesional en lo suyo, marido ejemplar, buena persona donde las haya, pero es el campeón de los gafes. Viene muy de vez en cuando a ver el fútbol con nosotros y cuando lo hace, el desastre está garantizado. Si es partido de Liga, la derrota es segura y no se descarta alguna lesión seria en nuestros jugadores; si es competición europea, seremos eliminados; si es partido de selecciones, mejor que el partido no sea decisivo si está presente. El último partido que vi en su compañía fue el encuentro de vuelta de los cuartos de final de la última Copa de Europa: Galatasaray - Real Madrid. Nuestro equipo había ganado cómodamente 3-0 en el partido de ida en casa. La vuelta empezó muy bien, Ronaldo marcó un gol en el minuto 7, así pues 0-4. Mi amigo y yo nos mirábamos con cierta alegría, por el resultado y por que parecía que por fin, esta buena persona ahuyentaba su gafe. En la segunda parte, el Galatasaray marcó tres goles en el espacio de quince minutos. Lo que antes era en el Madrid una defensa de hierro, ahora era un manojo de nervios. El equipo turco necesitaba dos goles más y ocasiones no le faltaron. Lanzamientos de falta muy peligrosos lamiendo los postes, acoso constante a nuestra portería y por supuesto, el estadio literalmente incendiado por su afición. Mientras todo esto ocurría, mi amigo y yo nos mirábamos, discretamente, con caras de “no puede ser”. Afortunadamente, Ronaldo sentenció definitivamente la eliminatoria al final del partido a nuestro favor. Huelga decir que este señor, que lo es, no ha vuelto a aparecer por el santuario, es nuestro particular Barbosa (1). Ha tenido que escuchar excusas de lo más peregrinas para evitar su presencia, me consta, pero el fútbol no es deporte para gafes.

Talismanes personales


Respecto a mí mismo, como ya he dicho más arriba, no me considero supersticioso. Tengo un historial como aficionado que refleja un balance de talismán. He presenciado en directo dos copas de Europa de mi equipo, la 7ª y la 8ª, 12 Ligas, 3 copas del Rey y más títulos. Como todos los futboleros, eso sí, adjudico la condición de fetiche de la suerte a las prendas de vestir. A lo largo de mi vida han sido varias y variadas, pero hubo una por encima de las demás: tuve unos calzoncillos que gozaron de un porcentaje de victorias cercano al 100%. Duraron muchísimos años, a lo largo de ese tiempo llevé en secreto su condición y viví con verdadera angustia cómo se iban deteriorando. Así llegamos a un día de julio de 2.010 cuando sorprendí a mi mujer con ellos en la mano. Los llevaba haciendo una pinza con sus dedos y mientras me miraba dijo:
es-to-qué-es. La goma de la cintura estaba completamente pelada y la tela que formaban los pantaloncillos era completamente translúcida. Tuve que confesar aun a riesgo de que la prenda perdiera su condición de talismán. Pero no fue así. Como estarán adivinando, el 11 de julio de ese mismo año los llevaba puestos, no podía ser de otra forma. Luego de ese gran éxito, pasados unos días, tuvieron un funeral de estado, fueron a la basura envueltos en un ataúd de cartón. Una lástima que no hubiera lugar al reciclaje.

Como pueden leer en el encabezamiento de este su blog, uno de los objetivos del mismo es lograr que a quien no le guste el fútbol, cambie de opinión con historias como estas. Después de todo, los futboleros estamos un poco pirados, pero no se preocupen, somos gente de bien.



1.- Barbosa fue el portero de Brasil en el Maracanazo de 1.950. En el año 1.993 se acercó al hotel de concentración de su selección para saludar, pero no le permitieron el paso porque creyeron que les iba a traer mala suerte. Entonces pronunció su célebre frase: la pena máxima en Brasil por un delito son treinta años, pero yo he cumplido condena durante toda mi vida por lo que hice.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Textos de amor y odio21 de noviembre de 2013, 14:13

      ¡Gracias por tu comentario Guillermo!

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  2. Excuso decirte, que ese noble amigo, propietario del Santuario, orgulloso de proclamarse a los cuatro vientos amigo de sus amigos, las pasa canutas llegado el terrible momento de mentir a un camarada, que a más más llama a traición casi en el último momento, teniendo que inventar las más peregrinas excusas (yo creo que algunas no cuelan...), para que el susodicho cenizo no gafe ningún partido crucial. Pero es una cuestión de principios: La amistad, o una eliminatoria (por ejemplo) de Champions... En ese caso está totalmente justificada la mentira. Es más: ¿Puede considerarse amigo al sujeto que, en el fondo, sabiéndose malasombra, pone en un brete a su camarada y en juego la clasificación de su equipo? ¡No, y mil veces no, señores! Si San Pedro fue elevado a los altares por negar tres veces a Cristo porque podrían identificarle como uno de los suyos, está mil veces más justificado renegar cuanto menester fuere del tío malaje que puede: 1º Dar al traste con el partido; 2º poner en situación incómoda a su amigo y 3º conseguir que a dicho amigo, sus colegas futboleros le dirijan iracundas miradas de odio. No lo duden: Es de buen gusto y eximente recogido en ahora no recuerdo qué articulo del Código penal renegar del Cenizo. He dicho.

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  3. Textos de amor y odio21 de noviembre de 2013, 14:26

    Estimado Istari, así es. El gafe suele disimular su condición pero debería asumirla por completo. Es un hecho. He leído el caso de un periodista argentino que, aun a sabiendas de ser un completo cenizo, estaba en el estadio Azteca en la final del Mundial 86. Cuando Alemania empató el 2-0 argentino, sabedor que su presencia aseguraba la derrota, se fue del estadio, cuando ya estaba lejos escuchó el griterío por el gol de Burruchaga.
    Istari, comprendo y me solidarizo con usted. Son mentiras piadosas en busca del bien común.
    ¡Gracias por su comentario!

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