Portada 3

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lunes, 21 de noviembre de 2016

Despedida de un madridista del Vicente Calderón


El pasado sábado se disputó el último derby madrileño liguero en el estadio Vicente Calderón, los rivales y vecinos de la capital se mudan de barrio a una nueva casa de la que se desconoce cómo se va a llamar. Lo cierto es que el Calderón siempre fue visto por los madridistas como una salida incómoda, sinónimo de emociones fuertes y de lugar donde se citan los valientes para defender su camiseta. Por motivos obvios, quien esto escribe se dejó ver muy pocas veces por la rivera del Manzanares, pero todas ellas para el recuerdo.

A principios de los años 80, el colegio donde estudiaba recibía periódicamente invitaciones para ir a ver al Atlético Madrileño en el Calderón. Sana costumbre,
típica de un club de fútbol más preocupado en crear afición que en la audiencia televisiva que puede acumular en un partido. El recuerdo que tengo de ese día es la impresión de ver esa mole de cemento armado, con las esquinas libres de graderíos donde están y ahí siguen estando los vídeo marcadores y el resplandor del césped al sol. No recuerdo ni el rival ni en la categoría donde jugaba esa temporada el Madrileño, sí que los chavales que nos apuntamos a la invitación lo pasamos muy bien correteando por las gradas prácticamente vacías viendo a ratos el partido.

                                                       



Junio de 1989. El Madrid de la Quinta del Buitre había ganado su cuarta Liga consecutiva y jugaba la
final de la Copa del Rey en el Calderón frente al Real Valladolid para intentar conseguir el doblete. El partido en sí mismo fue bastante malo, la sentencia la dictó un tempranero gol de Rafael Gordillo a un Valladolid donde ya jugaba un tal Fernando Hierro, quien unos días más tarde, luego de posar con la camiseta del Atleti en la salida de vestuarios del Calderón, terminó fichando por el Real Madrid. El ambiente de la previa de este partido fue bastante tenso, hubo cargas de la policía en los alrededores del estadio aunque ya dentro todo transcurrió con normalidad. La Copa en esta ocasión se quedó en Madrid frente a la desilusión de los Minguela y compañía.

Enero de 1993.
Derby en el Calderón, son temporadas difíciles para el madridismo, se vive el reinado del Barcelona en la Liga con la desconocida sensación para muchos madridistas de vivir en la ruina deportiva. Sin acceso a la máxima competición europea por no ganar la Liga, en aquellos años vinieron pocas alegrías para el Madrid, como por ejemplo la Copa contra el Zaragoza en el Luis Casanova al final de aquella temporada o la Súper Copa de 1991 con aquel golazo de Aragón a Zubizarreta desde el centro del campo. Pero volvamos a este derby. Cuatro amigos del Madrid más otro del Atleti nos juntamos para ver el partido en el Calderón. Sin saberlo, tenemos la entrada al campo por la misma puerta que los radicales del Atleti, mientras estos cantaban alegremente 'madridista quien no bote' en la cola para acceder al estadio, nosotros cinco permanecimos ajenos al jolgorio, quietos como estatuas con las bufandas madridistas ocultas bajo los abrigos, en vez de dejarnos llevar y disimular. Semejante inconsciencia fue percibida por los radicales con absoluta indiferencia, afortunadamente. Ya dentro del estadio, un portero del estadio se apiadó de nosotros y nos dejó pasar del fondo sur al lateral del Manzanares donde pudimos ver el partido tranquilamente. De nuevo tocó un partido bastante malo, empate a uno, pero inesperadamente vimos el último partido de Futre con el Atleti. Al acabar el derby, una bronca del portugués con Luis Aragonés terminó por precipitar la salida del ídolo colchonero del Manzanares rumbo al Benfica lisboeta.

Hubo por mi parte alguna visita más al Calderón siendo
sede de la Selección Española. En septiembre de 2005, en partido valedero para la clasificación del Mundial de Alemania de 2006 contra Serbia, había que ganar pero un empate a uno, que es lo que venían a buscar descaradamente los balcánicos, nos condenó al segundo puesto del grupo 7 de la zona europea, lo que suponía jugar la repesca. Ya en 2009, un amistoso contra Argentina (2-1) fue la última ocasión. No he vuelto a ir al Vicente Calderón y la verdad es que me gustaría despedirme de este campo donde quedarán para siempre sonadas derrotas y grandes victorias para el Madrid, como la del pasado sábado. Allí quedarán también muchos detalles de puro fútbol: aquel regate de Raúl a López en un palmo de césped, los recortes de Butragueño en el área de Abel Resino, el gol de Hierro desde fuera del área cuando la derrota ya estaba cantada en el 90... El Vicente Calderón podía, puede, que todavía está en pie, gustar más o menos, ser más acogedor o menos, se pasaba mucho frío en invierno o calor en verano, pero hay que reconocer que es un recinto canchero, de fútbol, un escenario de un deporte que va desapareciendo para dejar sitio a un espectáculo mundial, universal, de horarios imposibles e inauditos para el aficionado que lleva a su equipo en el corazón y, no lo olvidemos, lo apoya con su cartera, donde cada vez se le exige pagar más dinero a cambio de un poder nulo de decisión.








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