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miércoles, 13 de mayo de 2015

No hay cura para el madridismo


Hace unos días, disponía de un poco de tiempo libre y estaba por las inmediaciones del estadio Santiago Bernabéu, así que decidí aprovechar para hacer lo que llaman el Tour del Bernabéu, es decir visitar el museo, los vestuarios, etc... No era la primera vez que lo hacía, desde luego, ni tampoco será la última, seguro.

A lo largo del recorrido se ofrece al visitante distintas panorámicas del campo. En una de ellas, en el Primer Anfiteatro del Lateral Oeste -antigua Preferencia-, mientras los turistas iban y venían me quedé pensando, contemplando el graderío vacío en silencio,
el por qué de todo esto, por qué cada quince días me dirijo sí o sí hacia Chamartín, por qué siento esa angustia días antes de un gran partido...

                                                           


No tiene mucho sentido, desde luego. Económicamente tener un abono en el Bernabéu para asistir a todos los partidos de Liga, Copa y Copa de Europa supone un esfuerzo importante y bastantes privaciones, la cantidad de viajes que podría haber hecho con el dinero que he gastado en el Madrid, por ejemplo. Ponerse de mal humor ante las derrotas a pesar de dejarte la garganta animando o dar botes subido a tu asiento, abrazarte a desconocidos y gritar como si no hubiera un mañana con las victorias no es propio de una persona adulta. Tal vez sea la vinculación física y sentimental a un mismo lugar, estar tantos años acudiendo a un mismo sitio, haberlo visto transformarse por fuera y por dentro, tal vez sean los valores que iban pasando de generación en generación de futbolistas y espectadores, iban sí, ahora no estoy tan seguro.

En las
horas tan bajas del Real Madrid que vivimos actualmente, institucionalmente hablando, sumado al 'profundo cariño' que buena parte de la afición muestra por nuestros propios mitos desde hace ya mucho tiempo, he intentado alejarme, poner distancia, algo de sensatez en este sin vivir que es ser madridista, futbolero en definitiva, pero ha sido de todo punto imposible: el día de partido, aunque uno no quiera, se encuentra por todas partes con los resultados; si por cualquier motivo estoy lejos del Bernabéu cuando hay fútbol, me invade la inquietud por lo que estará pasando allí, los goles, una jugada excepcional, en definitiva perder el hilo de lo que acontece en el Club día a día.

Esta noche hay un gran partido de
semifinales de Copa de Europa, contra la Juve, ni más ni menos. Sólo espero, sólo pido que el ambiente sea el de las grandes ocasiones, pase lo que pase. Porque aunque en el Santiago Bernabéu a veces no se viva una atmósfera ideal, el espíritu de Pirri, de Santillana, de la Quinta, de Raúl tiene que aparecer hoy. Con este sentimiento, puedo asegurar que no hay cura para el madridismo, doy fe.










miércoles, 6 de mayo de 2015

Juve - Real Madrid, ida de las semifinales


Si bien un empate hubiera sido lo más justo, no ha decepcionado el partido de ida de las semifinales de la Copa de Europa. En un ambiente abiertamente hostil, el Madrid no tuvo su mejor día pero no se dejó llevar por el tobogán de emociones que es una eliminatoria de competición europea, fue primero a por el empate, a punto estuvo de marcar el segundo y después de que el propio Kroos rechazara un trallazo de Marcelo que iba con toda la intención, la contra propició el penalty de Carvajal a Tévez. Mala suerte.

                                                            


Hoy seguramente ocupará mucho espacio el partido que realizó Sergio Ramos. Que en uno de los partidos más decisivos de la temporada Ancelotti coloque en el centro del campo a un central supone, principalmente, que no confía ni en Illarramendi, ni en Lucas Silva, ni en Sami Khedira. Toda una declaración de intenciones para la temporada que viene. Es evidente que Sergio Ramos no jugó bien, pero hay que valorar el hecho de jugar fuera de la posición natural de un jugador. Ancelotti tiene el culo pelado de jugar estos partidos y si toma estas decisiones, por algo será.

Después de todo, un 2-1 es un resultado que perfectamente se puede remontar jugando en casa el partido de vuelta. El
Bernabéu, si bien es poco generoso en Liga con el propio equipo de casa, en Copa de Europa ofrece un ambiente que merece la pena vivir. Quedan siete días para sufrir y para soñar con la final de Berlín. El Real Madrid lo tiene en su mano. Eso sí, huya de gafes y lugares dónde haya presenciado derrotas estrepitosas, haga el favor.








miércoles, 9 de abril de 2014

Borussia Dortmund-Real Madrid... Señor, llévame pronto


Bueno, tremendo partido de Copa de Europa el que disputaron ayer estos dos equipos. El Real Madrid se ha clasificado por cuarta temporada consecutiva para semifinales de la máxima competición, si bien es verdad que con una buena dosis de suerte, quizá la que le faltó el año pasado para llegar a la final. Y es que está demostrado que los accidentes, en Copa de Europa, se pagan caros. Si pierdes 4-1 como el Madrid en la 2012-13, o 3-0 como el Borussia esta temporada, lo más probable es que te eliminen.

                                                        

La clasificación no debe tapar los defectos que han aflorado en esta eliminatoria en el Real Madrid. Aun con un resultado tan cómodo, un equipo como el Real Madrid no puede salir al campo con esa actitud y con esa falta de concentración. Los errores cometidos, de juveniles, propiciaron rápidamente el 2-0, con la inyección de moral y ambiental que esto supone para el equipo que tiene que remontar y más si juegas en su casa. Es decir, la eliminatoria casi igualada cuando quedaba casi la mitad de la primera parte y la segunda entera. Es el regalo que los alemanes estaban esperando. Bajo una presión asfixiante, el Borussia inutilizó al centro del campo madridista, yendo hacia el ataque en oleadas continuas, obligando al sobre esfuerzo a la misma línea medular y a la defensa. Cada balón era luchado por los de amarillo, los de blanco se quitaban el balón de encima como podían. No eran capaces de conservar el balón más de dos toques seguidos. Así las cosas, se puede decir que el Real Madrid fue salvado por la campana al llegar el descanso.

En la segunda parte, como es lógico,
el desgaste físico pasó factura a los alemanes, como era de prever. Se puede decir que Ancelotti acertó con los cambios, los que entraron dieron al equipo otro aire, el dominio del Borussia lo fue menos. Es destacable que muchos de los que entraron en el minuto 45 corrieron más que algunos que jugaron los 90 completos o casi, al acabar el encuentro echaron la camiseta a la lavadora con toda la razón, otros la plegaron y se la guardaron para el próximo partido, limpia como había quedado. Quedaba mucha tela por cortar y los alemanes no sacaron bandera blanca, ni dimitieron del partido, ni mucho menos. Cada llegada suya llevaba peligro, riesgo e incertidumbre. Con el reloj en contra, el Borussia se volcó al ataque, ya nada tenía que perder, lo que propició numerosas contras por parte del Real Madrid, pero ayer la delantera de Chamartín no supo materializar las claras ocasiones que dispusieron, que hubieran matado la eliminatoria antes de tiempo, tampoco aguantar pacientemente el balón para hacer correr más a los alemanes a la espera del pase al hueco para rematar. Un remate al palo del Borussia fue el canto del cisne para los teutones, las fuerzas no daban para más y el inclemente paso del tiempo hizo el resto.

El Real Madrid pues, se clasifica como he dicho al principio para semifinales por cuarta vez consecutiva, pero sin ninguna final y por tanto sin ningún título, conviene recordarlo. Si algo se presume es de éso, no de las veces que te quedas a las puertas, y menos en el Real Madrid. Ha habido jugadores que han podido quedar señalados hoy, unos por inexperiencia, otros por no tirar del carro cuando tienen que hacerlo. Mejor será asumir el toque de atención y no crear víctimas de forma innecesaria, porque estos jugadores que hoy no han hecho un buen partido, son los mismos que van jugar las semifinales de Copa de Europa, la final de la Copa del Rey y las últimas jornadas de Liga donde quedan opciones, pocas, pero quedan. Hay que seguir. Si hay algo que caracteriza al Real Madrid es el espíritu de superación ante retos imposibles. Así sea. Si no, el Señor se va a llevar a más de uno, incluido a quien esto escribe. El sufrimiento de ayer no era necesario, en absoluto.