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Mostrando entradas con la etiqueta final Copa del Rey. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 25 de marzo de 2015

Sobre la Final de la Copa del Rey


Previsiblemente hoy se decidirá dónde se va a jugar la próxima Final del Campeonato de España de Fútbol, Copa del Rey, entre el Athletic Club de Bilbao y el F. C. Barcelona. Vaya por delante que este espectáculo anual de la elección nos lo ahorraríamos si la sede para este partido se sacara a concurso a principios de temporada y se eligiera entre las ciudades candidatas allá por el mes de septiembre u octubre. No tengo la certeza, pero imagino que la posibilidad de que los dos finalistas estén muy cerca geográficamente es el motivo que prima sobre la previsión, es decir, imaginen que la final es entre el Sevilla y el Betis, desplazar a todos los aficionados sevillanos a una tercera ciudad supone un coste económico para los mismos. Quiero creer que es éso.

                                                       


Sobre la negativa del
Real Madrid a ceder el Santiago Bernabéu, sinceramente, como socio madridista que supera los 20 años de antigüedad, aunque puedo llegar a entender la negativa de la mayoría de la masa social, creo que un Club se hace grande siendo generoso. Es verdad que mi equipo no ha disputado ni una final en el mítico San Mamés ni en el Nou Camp, los dueños de esos campos sabrán porqué, oportunidades no han faltado. Es verdad que es más que probable que cuando suene el Himno Nacional haya una gran pitada, pero en esto siempre se hace caso a los que hacen más ruido. Todavía no he oído una voz que defienda a la mayoría de aficionados del Athletic y del Barcelona que, sin entrar en lo que piensen políticamente, son respetuosos con todo el mundo y que su único deseo es disfrutar de un partido de fútbol en paz.

Además de apelar a la generosidad del Madrid en este caso, lo cual engrandecería su prestigio como digo, el Club de Chamartín representa a la ciudad que lleva en su nombre:
Madrid. Sobran las generalizaciones sobre el carácter de las urbes, pero si hay una ciudad acogedora para los forasteros, ésa es Madrid. Por otra parte, por mucho que insistan los que mandan, a pie de calle la situación económica sigue jodida, por ello, que vengan 80.000 aficionados a la capital supone hoteles, restaurantes y bares llenos, una oportunidad de hacer una buena caja en una sola jornada no se presenta todos los días.

En este caso creo que ha sobrado orgullo por las tres partes y ha habido poca pedagogía. Poco habría costado a las directivas del
Athletic y del Barcelona hacer un llamamiento al respeto hacia los símbolos, poco habría costado al Real Madrid ofrecer su estadio si así lo deseaban los finalistas. Después de todo, si una parte de los asistentes quieren quedar como unos perfectos maleducados, serán ellos quienes queden mal, cada uno es dueño de sus silencios y preso de sus pitadas. Yo soy responsable de lo que yo hago y quiero que mi equipo siga siendo grande y generoso, por ello me gustaría que el Real Madrid ceda el Bernabéu para la Final de Copa 2015.












miércoles, 16 de abril de 2014

Real Madrid-Barcelona, vida de un hincha el día de la final de la Copa del Rey


Por fin ha llegado el día, hoy se disputa la final del Campeonato de España, Copa de Su Majestad el Rey entre el Real Madrid y el Barcelona, ni más ni menos, un clásico en toda regla, como si hubieran sido pocos todos los que han acontecido estos últimos años, y así es, siempre se quiere más. El hincha, ya se sabe, es insaciable. Lejos de hablar de cómo llegan los dos equipos a este partido, para eso ya hay muchas publicaciones, voy a escribir cómo vive un futbolero el día de hoy.

                                                        

Seguramente, como buen aficionado habré pasado esta última noche más o menos en vela. El despertar habrá traído la lógica somnolencia y las primeras preocupaciones cotidianas: familia, trabajo (el que lo tenga), coche o transporte público y meterse en las faenas diarias. Poco después como si fuera un despertador futbolero, una especie de desasosiego interior comienza a surgir desde muy dentro, una angustia que lejos de mitigarse irá creciendo a los largo del día. Uno intenta olvidarse de esta sensación, intenta tener conversaciones insustanciales con personas no aficionadas, pero la angustia es más fuerte que todo eso. Todo esto se traduce en una cara de haba pansia que lleva a responder más de una vez que me encuentro bien, mentira, pero bueno, es lo que hay.

Una vez
liberado de las obligaciones diarias, viene lo peor. El tiempo parece ralentizarse, se vuelve muy lento. Conectaré una y otra vez por internet con los periódicos deportivos esperando que haya cualquier novedad, miraré una vez tras otra el correo electrónico a sabiendas que nadie en su sano juicio manda un correo electrónico un Miércoles Santo por la tarde, revisaré las redes sociales buscando consuelo en gente como yo, algo encontraré, pero lo más seguro es que la angustia pre partido nos esté consumiendo a todos, independientemente del color que se sienta. Sin duda alguna, es la calma que precede a la tempestad.

Una vez comenzado el partido,
el devenir del encuentro marcará el estado emocional, las sensaciones que produzca el juego marcará el sentido de la justicia o injusticia del resultado, las ventajas o desventajas arbitrales, nada nuevo bajo el sol como pueden comprobar. Esto de ser futbolero es como el que tiene una extensa colección de libros y discos y se ve obligado a vivir de alquiler con las mudanzas que ello implica. Uno se pregunta qué ha hecho para merecer esto, para sufrir esa condena perpetua a estar acongojado las horas anteriores y posteriores de un partido como el de hoy. Por mucho que el fútbol moderno le aleje a uno de su club de toda la vida, por mucho que las entradas estén a precios desorbitados, el vínculo emocional es mucho más poderoso que todo eso. La respuesta es muy simple, no hay cura para el futbolero. Que hoy gane el mejor y que ese equipo sea el Real Madrid. Por San Francisco Gento y el Arcángel Santillana.





miércoles, 12 de febrero de 2014

La primera vez en el Bernabéu


Esto es algo muy propio de los futboleros: “la primera vez que fui al Bernabéu, que vi a Santillana, vi a Juanito, a la selección, aquel gol histórico, etc... y es que en contra de lo que parece, el aficionado tiene mucha memoria, más que los propios protagonistas de estas historias que no son otros que los futbolistas, presidentes de clubs, árbitros...

                                                         


A lo que iba. Mi primera vez en el
Bernabéu no fue para ver precisamente al Real Madrid, sino al Castilla. Estamos en 1980, el filial madridista logrará llegar a la final de la Copa del Rey precisamente contra el Real Madrid, proeza que nunca se va a poder repetir porque a raíz de esta situación, los equipos filiales nunca volvieron a participar en la Copa de España. El estadio no había iniciado la remodelación para el Mundial 82, todavía estaban las míticas porterías con los arcos que sujetan la red, el recinto estaba tal y como era desde los años 50 cuando se cerró el popular tercer anfiteatro paseo lateral alto. Me reconforta haber estado en el mismo espacio que el Madrid pentacampeón de Di Stefano, Puskas, Gento; el de los ye-yes de Amancio, Pirri... Aquel partido fue en la ronda de cuartos de final contra la Real Sociedad de Arconada, el Castilla eliminó hasta llegar al último partido del torneo al Hércules, Athletic de Bilbao, la propia Real Sociedad y Sporting de Gijón en semifinales, una auténtica gesta.

Todo esto da una idea de la edad que voy teniendo. Mis recuerdos de esta primera vez son muy difusos, no podía ser de otra forma, pero sí recuerdo mirar maravillado aquella construcción enorme, tanta gente allí metida,
el ambiente, el olor a puro, a copa de cognac, los vendedores de bebidas con sus chaquetas blancas, neveras de latón y sus ripios castizos. Otros tiempos.

La primera vez que sí vi al Real Madrid tuvo que esperar dos años más.
Real Madrid - Málaga. Tras dar mucho la brasa, logré convencer a mi pobre padre para que me llevara. Tengo viva la emoción de bajarnos del coche para comprar las localidades en La Madrileña, aquel quiosco de reventa autorizada que estaba, más o menos, donde ahora se levanta una de las torres de acceso al graderío superior del estadio, la que hace esquina entre la calle Concha Espina y el Paseo de la Castellana. Aquel día hacía un frío pelón. Tengo localizado el sector del graderío donde estuvimos, segundo anfiteatro fondo sur, casi en el córner, pegado al lateral del gallinero. El estadio estaba semivacío para ver aquel partido. Ganó el Madrid por 1-0, gol marcado de penalty por Juanito en un partido francamente malo. Estoy viendo cómo lo transforma y lo celebra. Lo que realmente marca la experiencia, más que el propio resultado, es ver a los protagonistas in situ, el olor a hierba, la humedad del riego, el ambiente, el colorido del público aunque escaso aquel día, ver todo lo que has visto por televisión en vivo y en directo.

Aun siendo muy aficionado desde niño como se puede ver, nada parecía indicar la
enfermedad que desarrollé de mayor haciéndome socio y no perdiéndome ningún partido salvo los estrictamente necesarios y por compromisos ineludibles. Porque hay que estar un poco pirado, esta es la verdad. Qué le vamos a hacer, pero no se preocupe amable lector, los futboleros somos gente de bien. Continuará...



lunes, 10 de febrero de 2014

Cuando el segundo plano supera al primero


Me refiero a las fotografías que inmortalizan instantes previos a la gloria o al fracaso, la delgada línea que separa la victoria de la derrota. El fútbol ha dado buenas fotos, pero el baloncesto también, buen prueba es el final de la Copa del Rey celebrada ayer. Muchas veces se dice que el baloncesto es un deporte del que puedes evitar ver los tres primeros cuartos porque todo se decide en los últimos minutos. Es verdad que puede ser así, pero lo que no quita es la tremenda emoción que tienen estos partidos luchados cuerpo a cuerpo.

                                                     


En las fotos a las que me refiero al principio, lo mejor, lo curioso es ver las
expresiones captadas en la instantánea no del personaje del primer plano, sino de los anónimos que están en el segundo, la gente del público. Por ejemplo, la famosa canasta de Alberto Herreros en la cancha del entonces TAU Baskonia. Quinto partido de la final de la Liga ACB, el TAU, a falta de segundos para acabar tiene el campeonato en el bolsillo, pero cometen todos los errores posibles y el Madrid tiene todos los aciertos, hasta que se llega a este dramático instante:

                                                         

Alberto Herreros está en suspensión mientras Macijauskas intenta llegar a taponar el tiro. Me llama la atención cómo las caras de los espectadores luchan por hacerse un hueco para ver lo inevitable, la animadora arrodillada en actitud suplicante, justo detrás de ella un tipo con camisa blanca lleva sus manos a la boca para ahogar la angustia, supongo, al fondo un hombre con el pie apoyado en la barandilla estar mira la jugada mientras parece pensar “no será capaz” y debajo de él un joven con camiseta gris parece adivinar lo que va a ocurrir tan solo un instante después.

Otra foto mítica es la del desgraciado
triple de Sasha Djordjevic con el Partizán de Belgrado en el último segundo contra el Juventut de Badalona en la final de la Copa de Europa.

                                                       

Tomás Jofresa y Juan Antonio Morales caen víctimas de la finta de Djordjevic mientras el bueno de Lolo Sáinz desde el banquillo parece indicar que se ha acabado el tiempo. Rafa Jofresa, en posición de firmes sigue con la mirada el camino a la derrota, el resto del banquillo quiere detener el lanzamiento, pero es demasiado tarde.

Es la emoción que tiene este deporte,
tan solo unas décimas de segundo se pueden volver eternas. El milagro es siempre posible, incluso puede ir volando por el aire mientras la sirena indica que el tiempo se ha acabado. Creo que es la principal diferencia del baloncesto respecto a otros deportes, la inapelable cuenta atrás del tiempo de juego.

                                                        


Grandes fotos que han quedado para el recuerdo del aficionado. Conviene estar
preparado para la derrota, pues es más corriente que la victoria. El tiempo, de todas las maneras, suele recompensar las cosas. La canasta de ayer de Sergio Llull no es más que la otra cara de la moneda de aquella de Nacho Solozábal en el último suspiro también. No hay nada como saldar viejas cuentas pendientes. Y usted amable lector ¿recuerda alguna foto inmortalizando un instante mítico del deporte?