En Textos de Amor y Odio se habla de cine, literatura, música y de fútbol. La intención no es otra que crear debate y ofrecer pistas que pueden ser interesantes para el lector. Entren libremente, marchen sin novedad y dejen algo de la felicidad que traen.
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viernes, 24 de junio de 2016
Los odiosos ocho, de Quentin Tarantino
Fallida, terriblemente fallida la última película de Tarantino. Una pena teniendo en cuenta el fabuloso reparto pero el hecho es que en Los odiosos ocho no hay gotas del humor negro que caracteriza otros trabajos de Tarantino, no hay buenas canciones -recordemos a Jim Croce en 'Django desencadenado'- hay mucho sopor y miradas al techo por parte del espectador y por supuesto, sangre a raudales.
Para tener a un espectador atento durante más de tres horas mirando a una pantalla hace falta, sobre todo, ritmo y esto es lo que no tiene Los odiosos ocho. Si el metraje se hubiera reducido a unos 90 minutos, es decir hora y media, habría resultado una cinta mucho más atractiva, una historia mucho más redonda. A cambio, lo que tenemos es una película que si bien logra enganchar rápidamente, va perdiendo la intensidad inicial, se suceden los giros mientras la historia da vueltas sobre un círculo mientras el espectador, como hemos comentado, empieza a mirar al techo. Se aguanta hasta el final por la pura curiosidad de saber cómo acaba la película, pero una vez visto, ni eso llama la atención.
El salvaje Oeste, racismo, la post guerra a finales del siglo XIX en EE.UU., cazadores de recompensas y buenos actores. El resultado de mezclar estos buenos ingredientes es un coctel sin gas, sin fuerza, aburrido, soso, sin gracia. Una auténtica pena después de ver el brillante trabajo de Bruce Dern, Samuel L. Jackson, Tim Roth y Michael Madsen. Los odiosos ocho, una película prescindible y evitable.
lunes, 17 de febrero de 2014
Dejándote ir llegas hasta Nebraska
Alexandre
Payne (A
propósito de Schmidt, Entre copas, Paris Je t'aime, Los
descendientes)
firma una buena película que va del drama a la comedia, del
conflicto paterno filial a la mezquindad humana. Nebraska
es una historia que no por sobria, en su narración, pierde
emociones. El espectador se sumerge en esta inesperada búsqueda
de raíces
que, aunque rodada en blanco y negro, está lejos de caer en el color
gris.
Woody
Grant
(Bruce Dern) es un anciano con un pasado de adicción al alcohol, un
día recibe una de esas promociones publicitarias que nos promete la
posibilidad de hacernos millonarios con tan sólo comprar los
productos que nos ofrecen. El
anciano,
creyendo en su senilidad ser ya millonario, decide
ir a por el premio
a pesar de estar muy lejos de donde lo ofrecen, para desesperación
de sus hijos David
(Will Forte), Ross
(Bob Odenkirk) y su anciana mujer Ross
(June Squibb) que tienen que rescatarlo una y otra vez.
El
peso de la narración recae en Woody y David. En el padre se encarna
el egoísmo
infantil
que adquieren los ancianos al envejecer, ofreciendo así gotas de
locura
y de ternura
a la vez; el hijo refleja el eterno mito de incomprensión
hacia la figura paterna,
al que en las postrimerías de la vida desconoce casi por completo.
El resto del reparto de secundarios conforman un retrato
coral de la condición humana,
situaciones de las que el común de los mortales si no se ha visto en
ellas, es muy posible que las vaya a vivir. Stacy Keach, que no pase
tanto tiempo si aparecer de nuevo en la gran pantalla.
Nebraska
bebe de las fuentes de Una
historia verdadera,
de Good
bye Lenin
y también de Fargo.
Da gusto dejarse mecer por sus paisajes a la vez que suena la
música de Mark Orton.
El resultado es una road
movie de reencuentros,
de orgullo, de búsqueda de oportunidades. Una buena historia llevada
a cabo sobria pero correctamente, agradable en la comedia, triste
pero no lacrimógena en el drama. Nebraska, merece la pena.
Etiquetas:
Alexander Payne,
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