Portada 3

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jueves, 29 de diciembre de 2016

Las 10 canciones de 2016


Este año ha sido duro para todos los aficionados a la música, han sido tantas las desapariciones... Es mejor no hacer el recuento de nuevo para no caer en la melancolía, más nos vale quedarnos con las canciones, con la música, ya que ésta no desaparecerá nunca mientras haya alguien dispuesto a escucharla. Recordamos las 10 mejores canciones de 2016:

1.- Dollar Days, Blackstar, David Bowie

 La entrada en este blog sobre Blackstar fue escrita el pasado 9 de enero, apenas unas horas antes de que se conociera la muerte de David Bowie. Casi de forma unánime, este disco ha sido considerado una genialidad, una jugada maestra, el testamento perfecto para sus seguidores, pero teniendo en cuenta toda la discografía de Bowie, Blackstar no es de sus mejores álbumes, lo que no significa que no pueda estar entre los mejores de 2016.

2.- You don´t know what's right, you don't know what's wrong, Final Wild Songs, The Long Ryders. 
 A finales del pasado mes de enero vio la luz la recopilación definitiva de la discografía de The Long Ryders, incluyendo temas hasta entonces inéditos y directos. Esta canción, como explica Stephen MacCarthy en el libreto que acompaña a los cuatro discos, resume el primer sonido de Long Ryders, en los inicios del grupo. Más adelante, en abril, se dejaron ver por España. Aún sigue la gira por EE.UU., y que no pare.

3.- Issues, We can do anything, Violent Femmes.  
We can do anything supuso la vuelta a la actualidad de este grupo imprescindible en los primeros años 80. Gordon Gano y compañía siguen en forma, es un disco breve, apenas 10 canciones, pero todas a la altura de su historia.

4.- Carolina, Erich Bachmann.
 La pasada primavera Erich Bachmann, Archers of Love y Croocked Fingers, se sacó de la manga su primer trabajo en solitario en 10 años, titulado con su propio nombre. Un excelente trabajo del que destacamos Carolina.

5.- Se estrechan en el corazón, Me mata si me necesitas, Quique González y los Detectives
 Mmmmm... Sin duda, Me Mata Si Me Necesitas es uno de los discos de 2016, Quique González ha presentado uno de sus mejores trabajos, hits pop, canciones intimistas, tremendas letras e impecables melodías, en resumen: emoción pura. Hoy tocan en el Palacio de los Deportes de Madrid, afortunados los poseedores de una entrada.

                                                         

                                       Mike Noga

6.- All my friends are alcoholics, King, Mike Noga
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 Otra de las obras cumbres de este año ha sido King, el disco de Mike Noga. Basado libremente en la obra de teatro Woyzeck, narra las peripecias de dos vagabundos Mary y Jack en un pueblo perdido de Australia. En su conjunto Noga logra una brillante colección de emociones. Un gran disco, sí señor.

7.- The Old Style Prison Break, Nº6, The Coal Porters.
 
 Aunque The Day the Last Ramone Died fue la canción elegida por Coal Porters como primer single de Nº6, su último disco publicado el pasado mes de septiembre, elegimos The Old Style Prison Break en la selección anual, por tener un sonido más ajustado a la trayectoria de los Porters.

8.- Summer, Trees, The Tindales
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 The Tindales presume de ser la nueva aventura sonora de Tabitha Tindale y Vicent Cafiso, anteriormente conocidis por Joy Zipper. Summer es una de las cuatro canciones que completan el EP Trees, que sorprendentemente dieron a conocer en las redes sociales luego de un largo periodo de inactividad. Y de momento seguimos sin saber más de ellos... Veremos en 2017.

9.- Leaving The Table, You want it darker, Leonard Cohen. 

Todavía conmocionado por su ausencia, quien esto escribe todavía no ha pasado de una audición del You want it darker, es imposible pensar que este caballero de exquisitos modales no va a volver para ribarnos de nuevo el alma. Avisó en el mes de agosto, diciéndose preparado para partir. Pero los que tuvimos la suerte de verlo en directo, no nos hemos recuperado todavía de su ausencia.

10.- To The End, Serenity Sessions, Track Dogs. 

Cerramos el resumen musical de este año con To The End, todo un himno para concienciar contra el acoso escolar, contra los ancianos, a los desprotegidos, los desfavorecidos. Track Dogs eligieron esta preciosa canción para abrir su último disco, Serenity Sessions. Bien por ellos.


Ojalá 2017 nos traiga buena música y estemos dentro de doce meses haciendo de nuevo este resumen. ¡Feliz Año Nuevo, Feliz 2017! Gracias por estar ahí.



martes, 27 de diciembre de 2016

Paterson, Jim Jarmusch en su mejor versión


Ajetreado año ha tenido Jim Jarmusch con el estreno de Gimme Danger, el documental sobre la historia de Iggy Pop y The Stooges, y de Paterson, su duodécimo largo, galardonado en el último Festival de Cannes con el Premio Palm Dog. Lo cierto es que esta cinta sigue la línea marcada por Jarmusch desde su inicio, Paterson es una nueva rama en el árbol sustentado por las raicea de Down by Law, Mistery Train y Night On Earth.

                                                    


Paterson es un conductor de autobuses de línea en una ciudad con el mismo nombre que escribe poemas a mano en su tiempo libre. Lleva una vida rutinaria: después de trabajar vuelve a casa, saca a pasear al perro, toma una cerveza en el mismo bar donde charla con los mismos parroquianos. Paterson contrasta con su mujer, siempre inquieta, cambiando constantemente la decoración de la casa, ella diseña su propia ropa mientras hace planes de futuro.


Paterson es una historia donde la acción transcurre con la suficiente pausa para darle una capa de cotidianidad sobre la que no se echa de menos más dramatización; donde nuestro protagonista, personaje con el que es muy fácil empatizar, nos abre su universo personal a través de sus poemas: sus inquietudes, temores, sus emociones. Juegos de nombres, sutiles toques de humor, paisajes urbanos rodados en camara car, buena música, cierta dosis de surrealismo... en definitiva Paterson es un claro ejemplo del buen cine de Jim Jarmusch, una buena muestra de que una vida sencilla es tan perfecta o imperfecta como otras. Paterson es una buena historia donde los dramas se miden por su importancia, no por lo que parecen ser. Véanla, todavía está en la cartelera.






jueves, 22 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad


Había perdido el contacto con él hace tiempo, desde que cerró el negocio donde coincidieron. A partir de ahí, lejanas referencias, saludos enviados a través de terceros, así fueron pasando los años. Uno de estos mensajeros fue quien le llevó la noticia: tu antiguo compañero está desahuciado, cogieron tarde la enfermedad. En apenas unos días, la muerte propició lo que la vida no es capaz de hacer, reunir a viejos compañeros y amigos, la visita de la parca es la excepción que anula los compromisos adquiridos por los vivos.

En el tanatorio, contemplaba el cadáver de su antiguo compañero, con la mirada perdida comenzó a recordar: los madrugones, las jornadas de 10, 12, 14 o las horas que se terciaran, cómo su compañero era de los primeros en llegar y de los últimos en salir, le veía paseando por la entrada, fumando continuamente, arriba y abajo por el pasillo de entrada con el teléfono inalámbrico en la mano hablando con este o con aquel... y delante de sus narices tenía el resultado de tanto esfuerzo.

Todo esto no vino sino a confirmarle que el tiempo es la única riqueza que poseemos. Lo ocurrido fue el detonante, a partir de ese día decidió prescindir de todo aquello que no fuera realmente necesario para poder sentirse libre: el coche, el abono de un equipo de fútbol que realmente ya no existe, la ropa que no iba a vestir, el alquiler del piso que no iba a necesitar y consecuentemente abandonó el trabajo que precisaba para mantener todas esas cosas que ya no le hacían falta.

                                                        

                               ©larodada.net

Arregló una antigua bicicleta, montó un par de alforjas en la rueda posterior, las llenó con lo imprescindible y tomó la dirección que le marcaba el Este. Atravesó los Pirineos, cruzó Francia, el norte de Italia, Suiza, entró en Alemania y pedalada a pedalada salió por Polonia. Allí donde lo necesitara, trabajaba un tiempo para ahorrar lo suficiente para poder seguir con el viaje: lavar platos, barrer calles, servir detrás de una barra... Pasó los Urales, la estepa rusa, toda Siberia hasta el Estrecho de Bering. Llegó a América, confirmó lo que ya le habían contado, los paisajes canadienses eran mucho más bonitos que los de Alaska. Prosiguió su andadura hasta Ushuaia, justo cuando se cumplieron cuatro años desde su partida. Cruzó el Atlántico hasta Sudáfrica y de allí tomó rumbo al Norte, de nuevo.

No dejó de cruzar la Tierra según el viento le iba marcando el camino. A lo largo de su viaje vio amaneceres increíbles, noches de luna nueva con el cielo estrellado, paisajes que ni el mejor fotógrafo hubiera sabido plasmar, conoció la amabilidad y la hospitalidad. También pasó miedo a lo largo de su aventura, pero, al fin y al cabo, no era menor del que sentía en su antigua vida. Tuvo hambre, como en aquellas jornadas de trabajo en las que no paraba de trabajar ni para comer, estuvo muy solo, como lo estaba en su despacho, pero apretó los dientes y siguió adelante. Al fin y la cabo era la vida que había elegido. Es verdad que dejó mucho atrás, en la ciudad donde vivía y a lo largo de su viaje. Después de todo, ¿dónde está la perfección? Al mirar atrás, se sintió en paz, había aprovechado su tiempo como quiso. Terminó sus días reventado de vivir.











lunes, 19 de diciembre de 2016

#OtroFútbolEsPosible: el Mundialito, el Balón de Oro y el nombre de los estadios


Ayer se celebró la final del Mundial de Clubes, ese torneo que se inventó la FIFA en lugar de la mítica Copa Intercontinental que dirimían directamente los campeones de la Copa de Europa y de la Libertadores de Sudamérica. Lejos de desmerecer al resto de los participantes, los ganadores de las distintas confederaciones de la FIFA por todo el mundo, lo cierto es que se celebra un torneo oficial con aroma de trofeo veraniego donde el campeón europeo tiene mucho que perder y poco que ganar, metido, además, con calzador en un calendario ya sobrecargado por sí mismo. Como decía John Benjamin Toshack: si ganas, te traes la Intercontinental; si pierdes, has perdido la Copa Toyota. Con nulo interés en Europa, más seguido en Sudamérica y con algo de aceptación en Asia, cabe preguntarse si el formato y las fechas en las que se disputa este torneo son manifiestamente mejorables.

Mientras el Real Madrid viajaba a Japón para disputar el Mundialito, se dio a conocer el ganador del
Balón de Oro de 2016: Cristiano Ronaldo. Es su cuarto trofeo, por el quinto de Messi. No es por desmerecer a ninguno de los dos astros, pero choca que Alfredo Di Stéfano lo ganara sólo dos veces, George Best sólo una, lo mismo que Gerd Müller.... o la interminable lista de aquellos grandes jugadores que ni siquiera estuvieron cerca de ganarlo. Sorprende la extraordinaria repercusión que tiene el premio individual que ofrece la revista France Football (otra vez en solitario) cuando el fútbol es un juego de equipo. Habría que ver si Messi hubiera ganado cinco veces de no estar en el mismo equipo de Xavi Hernández y Andrés Iniesta, o Cristiano sin Paul Scholes, Luka Modric o Xabi Alonso a su alrededor. Puede parecer mentira, pero hubo un tiempo en que el Balón de Oro sólo ocupaba una breve reseña en la información deportiva, nada más.

                                                    

   

Hace apenas unos días se supo
el nombre del nuevo estadio del Atlético de Madrid así como la actualización del escudo del equipo madrileño. Rápidamente, en los grupos de whatsapp circularon las bromas sobre esto. Sinceramente no hicieron mucha gracia a quien esto escribe, aun siendo socio del Real Madrid, porque sé que mi equipo va a ir detrás con el Bernabéu 'y lo que ellos quieran'. Preguntado el sr Florentino Pérez en la última asamblea de socios compromisarios si iba a pedir a los socios -dueños auténticos del club según él mismo- la autorización para llevar a cabo este cambio, vino a decir que no lo iba a hacer de la misma manera que no pregunta a lo socios cuando renueva el contrato a un jugador, como si cambiar el nombre al estadio fuera lo mismo, como si gastarse 400 millones de euros en la remodelación del estadio de Chamartín fuera un gasto corriente.

En el caso de ambos equipos madrileños a buena parte de los abonados y socios todo esto les parece inevitable, hechos consecuentes con los tiempos que vivimos hoy en día, qué le vamos a hacer, vienen a decir. Sinceramente,
otro fútbol es posible. Sin renunciar a los cambios que impone el paso del tiempo, cabe una evolución respetuosa del fútbol con la tradición y espíritu de los clubes. Mientras los aficionados traguemos con los malditos horarios que nos imponen desde la Liga, seguiremos teniendo partidos los viernes por la noche, los sábados por la mañana y los lunes por la noche; mientras los socios y abonados miremos hacia otro lado seguirán poniendo nombres infumables a los estadios que son nuestras casas donde tantas emociones hemos vivido; mientras no exijamos a los dirigentes de nuestros equipos transparencia, democracia y participación en la toma de decisiones, estos seguirán haciendo lo que les venga en gana. De manera pacífica y de acuerdo a las normas el aficionado puede hacer muchas cosas, lo fácil es quedarse en la grada criticando esto y aquello y cuando acaba el partido volver a casa como si nada hubiera pasado. Amigos, #OtroFútbolEsPosible, si no hacemos algo nos lo van a quitar por completo.










domingo, 18 de diciembre de 2016

1898 Los últimos de Filipinas


La obsesión por el deber, el temor a ser considerado un traidor, o pasar a la posteridad como quien entregó la última plaza de un imperio del que quedaban las últimas colonias o quién sabe qué fue lo que empujó a resistir en la iglesia de la remota aldea de Baler, en la isla filipina de Luzón, al Teniente Martín Cerezo quien estaba al mando de un destacamento de unos 50 soldados llamados a protagonizar, contra su voluntad, este capítulo de la Historia de España.

                                                            



La película es un relato crudo de la vida que llevaron los 50 soldados y sus mandos sitiados en la iglesia de Baler: miseria, hambre, abandono, lucha sin cuartel contra un enemigo que ya no lo era aunque los sitiados no lo querían ver, una narración, dentro de lo que cabe, anti belicista.

El amplio reparto con el que cuenta la película, el buen guion y ritmo de este texto fílmico son los puntos fuertes donde se apoya 1898 Los últimos de Filipinas. Luis Tosar, Eduard Fernández, Javier Gutiérrez y Álvaro Cervantes dan brillo a la cinta. La historia es contada a buen ritmo, sin que el espectador caiga en la tentación de distraerse. En lo negativo 129 minutos de metraje se antojan demasiados y el punto oscuro del personaje de Javier Gutiérrez pide más maldad. En el cómputo global, queda una buena película que cuenta un capítulo de nuestra historia que debe ser recordado.







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