Portada 3

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Boyhood: ver la vida pasar


¿Cómo es llevar la vida real a la gran pantalla? En realidad todas las películas lo hacen con más o menos grado de ficción, pero Boyhood es diferente. No sé si es la sensación de ver crecer y envejecer realmente a los actores o el excelente reparto que completa el film, pero lo cierto es que esta cinta tiene una mezcla de magia y realidad que la hacen un espejo perfecto de la vida real.

Boyhood es el paso de la infancia a la adolescencia y de ésta a la edad adulta resumida en apenas tres horas que pasan no en un suspiro, pero casi. Emociona ver como de una secuencia a otra Mason (Ellar Coltrane) pasa de tener un rostro casi angelical a lucir el típico
bigote de frutero que tienen los chavales a los diecipocos, cómo Samantha (Lorelei Linklater) comienza a distanciarse de su hermano pequeño, cómo viven el conflictivo mundo adulto de su madre Olivia (Patricia Arquette) y sus vaivenes, cómo perciben al jeta pero encantador Mason Sr, o Mason padre como decimos aquí. Este no es otro que Ethan Hawke quien parece inmune al paso del tiempo durante las dos primeras horas de película.

                                                        


No sé si hay
making of de la película, pero si así fuera, ardo en deseos de verlo. Desde luego hay que ser valiente para afrontar un proyecto como éste. Lógicamente, después de ver la película surgen las típicas dudas: ¿y si el niño al tercer año se cansa de la película y lo quiere dejar? ¿y si un adulto desgraciadamente fallece? ¿o el que se muere es el propio director?¿cómo se afronta un rodaje de once años?

El resultado de este proyecto, como digo, es poder ver la evolución de las cosas, de la tecnología, de la moda, el paso de Bush a Obama, cómo cambia el mundo, la vida, las personas. La música que acompaña a esta historia es realmente buena, la alineación es impresionante: The Hives, Wilco, Flaming Lips, Arcade Fire... y todavía suenan más grupos míticos. Yo salí del cine con una muy buena sensación, con la impresión de haber visto algo tan emocionante como original, como la vida misma. Como cuando terminas un buen libro, como cuando has tenido un día inolvidable. Richard Linklater tiene la culpa.






miércoles, 17 de septiembre de 2014

El Niño, de Daniel Monzón


No por recurrente quiere decir que sea un tópico plantear una historia en el
el espacio que conforman Gibraltar, Algeciras, Marruecos y los 16 kilómetros que separan por mar Europa de África. Lo cierto es que El Niño enseguida nos introduce en la vorágine de mafia, paraísos fiscales, policía, corrupción...

                                                            

El Niño (Jesús Castro) y El Compi (Jesús Carroza) son dos jóvenes que asqueados ante la falta de oportunidades deciden dejarse tentar por el rápido enriquecimiento del narco, pasando cantidades modestas de droga en viajes de ida y vuelta sobre el Estrecho. Los personajes son creíbles ¿por qué no? Uno se puede poner en su pellejo perfectamente, sentirse intocable, invulnerable, sentir cómo la adrenalina acelera el corazón. Jesús (LuisTosar), Eva (Bárbara Lennie), Sergio (Eduard Fernández) y Vicente (Sergi López) son los policías que llevan buscando las vueltas de El Inglés (Ian McShane), mafioso que se protege de la acción de la Policía en la colonia británica.

En un desarrollo narrativo que no llega a las dos horas,
las tramas se van entrelazando entre sí a buen ritmo, sin decaer. Hay que destacar lo bien que están rodadas las persecuciones a lo largo del Estrecho entre las motoras de los traficantes y el helicóptero de la policía. Aquí surge una pregunta, ¿por qué no hay lanchas de la Policía o de la Guardia Civil? ¿siempre las persecuciones tienen que ser en helicóptero? ¿falta de presupuesto? Tampoco esta carencia es determinante, las secuencias de acción están muy bien. También hay que destacar lo agradable que resulta descubrir rostros nuevos en la gran pantalla. Jesús Castro y Mariam Bachir, actriz que encarna a Amina, darán que hablar, seguro.

Estos nuevos actores más los consagrados dan como resultado
una buena historia, creíble. No creo que vaya a coleccionar muchos premios, tampoco sé si lo pretende. No es el mejor trabajo de Monzón (Celda 211 y Malamadre siguen partiendo la pana) pero sí que merece la pena pagar la entrada para ver El Niño. Vayan a verla, pasarán un buen rato.



miércoles, 10 de septiembre de 2014

Materia Extraña, de J.J. Gómez Cadenas


He de reconocer que he llegado hasta esta novela por pura casualidad. Simplemente formaba parte de un envío del magazine Jot Down. Así pues, este libro quedó aparcado a la espera de hincarle el diente, lo que ha ocurrido este verano. Para alguien como yo de letras puras, a quien las matemáticas, química y física espantaban en edad escolar, al llegar a una cierta experiencia vital, mira ahora a todas estas asignaturas con no poca curiosidad y con bastantes lamentos de no haber aprendido más de ellas cuando hubo ocasión. Y esta novela es una buena oportunidad para volver a acercarse a estas ciencias, dado su carácter  narrativo y divulgativo.

                                                        


La novela
Materia Extraña tiene como tema central, como su propio nombre indica, la posible creación de la denominada anti materia bajo la hipótesis de que el acelerador de partículas (LHC) ubicado en el archiconocido laboratorio CERN, pudiera crearla con el siniestro resultado de la destrucción del planeta. ¿Cómo? Más o menos como explican en una de sus páginas:

Las estrellas extrañas se forman devorando muy posiblemente un estrella de materia ordinaria, tan densa que los protones y neutrones de su núcleo acaben por romperse debido a la presión enorme a la que están sometidos. Se forma entonces un plasma de quarks, donde pueden aparecer quarks extraños que a su vez comiencen a acumularse en agregados cada vez mayores. Puesto que la materia extraña es tanto más estable cuanto más masiva es, su apetito por la materia ordinaria no tiene límite... Así hasta el infinito, hasta que acabara con todo. Hay que destacar que esta novela está escrita antes de la puesta en marcha del acelerador de partículas del CERN y antes de la confirmación de la existencia del Bosón de Higgs, no sé si estos acontecimientos habrían modificado esta novela.

Bajo la premisa de la
hipotética destrucción del mundo, la novela nos es narrada a través de diversos personajes y otras tantas tramas. En Materia Extraña están presentes las difíciles relaciones existentes entre tanto sabio concentrado en el CERN; la carrera armamentística nuclear de Irán y los intentos de la ONU, Unión Europea y Estados Unidos por evitarlo; el amor, la atracción por el mal, el rencor, la envidia... la condición humana, ni más ni menos.

En su conjunto,
Materia Extraña es una buena novela, se lee a gusto, aunque puedas pasarte unos días con el libro abandonado, puedes retomar el hilo sin ningún problema. Es verdad que una vez presentados todos los personajes y las tramas, el ritmo narrativo puede ser un poco lento, nunca aburrido, eso no. Ya cercanos al final, un punto de giro en la acción da pie a un trepidante final, donde las tramas van cerrándose una a una. Materia Extraña, léanla, merece la pena.





miércoles, 3 de septiembre de 2014

Grandes debacles madridistas. El Odense, 1994


Si hay descalabros sonados en la historia del Real Madrid, este fue uno de ellos. El Odense, equipo que hace 20 años acumulaba sólo 3 ligas y 3 copas danesas, eliminó en la tercera ronda de la Copa de la UEFA al gigante madrileño, aunque es verdad que a mediados de los 90, éste estaba lejos de su esplendor histórico. En la Liga española se vivía el pleno dominio del Barça con cuatro triunfos consecutivos, lo nunca visto hasta el momento, era el llamado dream team entrenado por Johan Cruyff. El Madrid, aparte de perder ligas en la última jornada, acumuló en competiciones europeas a principios de los años 90 eliminaciones por el Spartak de Moscú en Copa de Europa (1991), el Torino en UEFA (1992) y dos consecutivas contra el Paris St Germain en la UEFA (1993) y Recopa (primavera 1994). Aun así, los fichajes ese verano de Michael Laudrup, la resurrección de Zamorano como auténtico ariete, un “9” de libro y la inesperada resurrección de Amavisca, prácticamente descartado en el inicio de la temporada, hacían soplar vientos de cambio, de cambio de ciclo en el fútbol español.

                                                        

Así pues, el
Real Madrid llega a la Copa de la UEFA de la temporada 94-95 después de haber quedado clasificado en cuarto lugar en la Liga anterior con 45 puntos -entonces la victoria suponía 2 puntos-, a 11 del Barcelona, ganador en el último minuto, el penalty de Djukic, mejor no seguir. En primera ronda de la UEFA, el Madrid eliminó al Sporting de Lisboa por el doble valor de los goles marcados fuera de casa. En el partido de ida se organizó una bronca monumental en el Bernabéu, porque alguien tuvo la brillante idea de colocar a la hinchada lisboeta en el fondo sur con el resultado esperado: cargas policiales, peleas en la calle a la salida del campo, etc... En la segunda ronda, el eliminado fue el Dinamo de Moscú, por un resultado global de 6-2, y así llegamos al emparejamiento con el Odense.

El
22 de noviembre de 1994 fue el partido de ida, celebrado en el Odense Stadium. En la fría Dinamarca, el Madrid se bate el cobre con el modesto equipo local. Nunca jugar en este clima nórdico, en esos campos pequeños y con el ambiente en contra es sencillo. En este resumen televisivo, donde se adivinan los comentarios de Carlos Alonso "Santillana", se ve que el resultado es más o menos merecido, un marcador que normalmente supone cerrar la eliminatoria para pasar el trámite en la vuelta. El tanto sorpresa de Schøjenberg justo cuando estaba a punto de acabar el primer tiempo, un disparo lejano que sorprendentemente se come Paco Buyo, es replicado por un pase en profundidad de Laudrup a Amavisca que a su vez da el pase de la muerte a Zamorano. Laudrup, Amavisca, Zamorano, dieron que hablar los tres juntos. Unos minutos más tarde, de nuevo Amavisca, pone el 1-2 con un tiro lejano. Hjort puso el 2-2 en el marcador, pero Laudrup aprovecha un mal despeje de la defensa para poner el 2-3 definitivo. Todo encarrilado para la vuelta.

Así llegamos al
6 de diciembre de 1994, partido de vuelta en el Santiago Bernabéu. Como se puede observar en este otro resumen y así también lo recuerda quien esto escribe porque estaba presente, las gradas están semi vacías. 6 de diciembre, martes festivo, con el jueves 8 también festivo por delante, todo esto más rival débil y resultado casi sentenciado es sinónimo de grada ocupada por los auténticos aficionados. Como también se puede ver por la luz natural, la hora tuvo que ser temprana, en aquellos años todavía se respetaba al hincha con estas cosas, no como ahora que se empiezan a jugar partidos a las once de la noche. No dejen de ver las alineaciones, dorsales del 1 al 11, jugadores representativos: nacionales (algunos de ellos canteranos) y unos pocos extranjeros. De verdad me alegro de haber vivido ese fútbol. Fíjense en las equipaciones, es recordada ésa blanca inmaculada de la marca Kelme, escudo, firma comercial, marca de la camiseta y dorsal a la espalda. No hace falta nada más.

Viendo el resumen de este partido, a poco que uno sea mínimamente imparcial, se puede llegar a la conclusión de que
el Real Madrid mereció pasar la eliminatoria, tampoco digo que tuvo que haber sido una goleada a favor, pero sí un 1-0, 2-1 o si se prefiere un empate, sin demasiados goles. Pero no, el equipo madridista malogró clarísimas oportunidades, Laudrup tuvo un uno contra uno con el portero danés, Butragueño disparó al muñeco en otra clara ocasión dentro del área; Laudrup tiró fuera, rozando el poste después de un gran slalom y pared con Amavisca ¿quién si no? Mientras la televisión ofrecía la repetición de un posible penalty al malogrado Petr Dubovsky, Pedersen aprovechaba un desbarajuste defensivo para marcar el 0-1, lo que supone el 3-3, pero por el valor de los goles marcados fuera, el Madrid seguía clasificado. La angustia empieza a apoderarse de la hinchada, pero entre que Amavisca no llega a un pase al vacío y a Quique Sánchez Flores le quita el balón el portero danés cuando se disponía a rematar a gol, meten al aficionado en la irrealidad, parece que se va a marcar el gol de la tranquilidad. Pero Sandro falla otra clara ocasión tras burlar a toda la defensa danesa, Dubovsky lanza fuera por muy poco una falta directa desde fuera del área desviada por la barrera, Quique vuelve a fallar desde el borde del área, ya en el tiempo de descuento. Después de esa jugada, el portero danés, Hogh que defendió la portería danesa en aquel España-Dinamarca del Mundial de México en 1986, saca en largo, un centrocampista peina hacia atrás y el extremo izquierdo del Odense, aprovechando que Quique estaba volviendo a su posición, dribla a Nando que sale a cubrir el hueco y centra desde el lateral del área con toda la intención. Un primer jugador danés marra el remate pero deja el balón franco para el remate cruzado del extremo derecho, libre de marca porque Luis Enrique, lateral izquierdo, ni llegó a cubrir a los centrales ni a cubrir el remate. Minuto 46 largo. Saque de centro y final del partido. 0-2, eliminación consumada.

Después de encajar
Cañizares el segundo gol, recuerdo perfectamente en la grada, de pie, ver las piernas de los daneses celebrando el gol, corriendo en el césped, entre un bosque de manos que sujetaban las ojipláticas y petrificadas cabezas madridistas. Nadie daba crédito a lo que acababa de ocurrir. En esta ocasión no se podía hablar de haber vendido la piel del oso antes de cazarlo, el equipo realmente luchó por pasar la eliminatoria, pero no pudo ser. Seguramente el Odense no se ha visto en otra igual en la vida, pero así son las cosas. En fútbol, si perdonas, es muy posible que lo pagues.

¿Cuál fue la reacción ante tamaño desastre? No olvidemos que la competición europea, aparte de prestigio, en aquella época proporcionaba buena parte de los ingresos económicos de los clubes de fútbol: más partidos era sinónimo de más taquilla y más televisión. Las cantidades, ni de lejos, eran las de hoy en día. Ramón Mendoza animó a los caídos: olvidemos esto, a por la Liga. Así fue, apenas un mes después, en enero de 1995, el Real Madrid devolvió el 5-0 histórico que el Barcelona le endosó un año atrás, lo que le dio un gran impulso para volver a ganar la Liga, rompiendo así la hegemonía azulgrana. Un joven Raúl acababa de saltar del Real Madrid C al primer equipo sin pasar apenas por el Castilla. Se acercaban momentos históricos para el Madrid. ¿Y qué fue del Odense? Fue eliminado en la siguiente ronda, cuartos de final por el entonces todopoderoso Parma, a la postre campeón de la UEFA esa temporada. Seguramente ya habían tenido su porción de gloria, eliminar al rey de la Copa de Europa, remontando y en su propia casa. Seguro que sus aficionados lo recordarán y los que lo vivieron lo contarán a sus nietos, como yo contaré a los míos cómo vi a un puñado de daneses locos de alegría entre un bosque de desesperación.





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