Portada 3

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miércoles, 27 de agosto de 2014

La marcha de Di María


Finalmente se ha consumado la marcha de Ángel Di María del Real Madrid, tristemente me atrevería a decir. El jugador argentino vino procedente del Benfica lisboeta por algo más de 20 millones de euros y se marcha dejando, según publican los periódicos, unos 80 millones, puede parecer un negocio redondo, pero eso el tiempo lo dirá.

                                                         


Situémonos justo
un año atrás, finales de agosto de 2013. Di María y Özil se reparten las papeletas de salida ante la llegada de Gareth Bale. Como el mismo Zinedine Zidane dijo públicamente, el jugador alemán decidió rendirse y el argentino, luchar por el puesto. La llegada de Bale suponía retocar, como cada año, el dibujo táctico del equipo. Di María no sólo se adapta a su nueva ubicación en el césped, sino que ha sido durante la pasada temporada de los jugadores más determinantes, sobre todo en las finales de la Copa del Rey y de la Copa de Europa.

Sobre las cifras que se han hablado mientras se fraguaba el traspaso al
Manchester United del jugador argentino, me asombra que haya gente que se lleve las manos a la cabeza porque, supuestamente, Di María haya pedido 8 millones de euros de sueldo, mientras que ve lo más normal del mundo pagar 80 millones por un jugador que, a día de hoy, no ha demostrado nada. A un jugador que se lo ha ganado, no, ¿dónde se cree que va?; al Mónaco, sí, cómo no. Y lo que haga falta.

Todo esto viene a demostrar el
proyecto deportivo de Florentino Pérez: ninguno, no lo hay. Que dos jugadores destacan en el Mundial, se les ficha cueste lo que cueste, hagan falta o no al equipo. Será por dinero. No dudo de Navas y James sean excelentes jugadores, pero ¿con Casillas, Diego López y Ángel Di María hacían realmente falta? Que el señor Pérez es un empresario de éxito nadie lo discute, pero como presidente del Real Madrid deja bastante que desear. A los socios nos quedan las elecciones para intentar cambiar el rumbo, pero claro, ahora que caigo en la cuenta, con la reforma de los estatutos sociales del Madrid promovida por el presidente actual, se pueden presentar el propio señor Pérez y otro, creo, y a este otro no se le ve muy interesado.

Una vez dicho todo esto,
hay que seguir adelante. Di María ya no está, Diego López tampoco. Bienvenidos sean los recién llegados y los que queden por venir, porque el mercado de fichajes todavía no está cerrado, quién sabe. Su suerte es la de todos los seguidores del Real Madrid. Una vez más, toca empezar la temporada con un profundo cambio de equipo, poco importa que el año anterior se haya ganado la ansiada Décima Copa de Europa, la Copa del Rey, casi se gana la Liga... en fin, es lo que hay. Estamos viendo cómo empieza la temporada, veremos cómo acaba. Y con un dragón en la camiseta...




miércoles, 20 de agosto de 2014

Los horarios, Ángel Di María y los minutos de silencio


Ayer arrancó oficialmente la temporada 2014-15 en España con el partido de ida de la Súper Copa entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, vigentes campeones de la Copa del Rey y de la Liga, respectivamente. Como saben, el partido comenzó a las 23:00 horas, la excusa oficial era que a las 20:45 se jugaban partidos clasificatorios para la próxima edición de la Copa de Europa y no se puede coincidir con esta competición. La realidad es que jugar un partido a esa hora, en un martes laborable, supone un abuso y una estafa contra el aficionado en general y al abonado en particular. Éstos pagan religiosamente su cuota allá por el mes de julio sin saber cuándo y a qué hora se van a disputar los partidos, es decir, se adelanta el dinero sin saber a ciencia cierta si se va a poder asistir a ellos. Empezar un partido a las 23:00 supone salir del estadio aproximadamente a la 01:00 de la madrugada y por mucho que sea agosto, al día siguiente muchos tienen que trabajar, por tanto madrugar en la mayoría de los casos, no digamos ya los peñistas que van al estadio desde las provincias limítrofes. Ni siquiera los niños de temprana edad se acuestan tan tarde en vacaciones. Hace unos días, a través de sus perfiles en las redes sociales, el pasado 4 de agosto la revista Líbero se hacía eco de un reportaje de David Conn en el diario The Guardian en el que se cuenta que la asociación de Fans del Fútbol inglés se ha reunido el pasado 14 de agosto con los responsables de la Premier para pedir que dejen de subir los precios de las entradas. Ojalá cunda el ejemplo en España y una asociación similar vele por los intereses de los aficionados y que no se permitan tropelías horarias como ésta.

                                                       


El
derby de ayer subió de revoluciones cuando Ángel Di María entró en el terreno de juego. Causa asombro e inquietud que su continuidad en el Real Madrid penda de un hilo, máxime cuando el jugador argentino fue decisivo en los éxitos cosechados la temporada pasada. Al presidente del Real Madrid, a quién tanto se le llena la boca con los valores del madridismo cada vez que tiene ocasión, podría tener en cuenta que Di María no ha dejado de superarse a sí mismo, no se ha rendido, como el mismo Zidane reconoció hace ahora un año cuando también se le estaba poniendo precio, tiene tan solo 26 años y tiene un palmarés de lo más brillante, recordemos: campeón de Europa y sub campeón del mundo tan solo esta pasada temporada. Esperemos que Di María siga y por muchos años con nosotros

Ayer también se rindió un
merecido homenaje a Alfredo Di Stefano, fallecido el pasado mes de julio, no en vano era el primer partido que se celebraba en el Bernabéu desde su muerte. Hubo pancartas conmemorativas, una enorme camiseta en el césped con el número 9, el que lucía en su época de jugador y la emoción de muchos de los espectadores. Si hay algo que realmente impresiona es ver a 80.000 personas puestas en pie guardando un silencio sepulcral durante un minuto que se hace eterno en memoria de una leyenda. La reciente moda de poner o interpretar música durante estos tributos resulta, aparte de hortera, una sensiblería postiza que degrada el acto de recuerdo. Hay un dicho popular que viene al caso: si no mejoras el silencio, mejor déjalo estar.





domingo, 17 de agosto de 2014

La solidaridad ciclista


Queridos amigos, hoy pretendía hablarles de los malditos horarios de los partidos de fútbol en vista de la próxima Supercopa de España y comienzo de la Liga durante esta semana y el próximo fin de semana, pero entre que mi equipo, el Real Madrid, siempre ha sido un privilegiado en estos aspectos y que esta mañana me he reencontrado con una forma de solidaridad y amabilidad que hacía mucho tiempo no encontraba, me han hecho cambiar mis intenciones.

                                                         
                               italia.it

Hace unos veinticinco años o más, quien esto escribe solía coger la bicicleta de carreras de su padre para
salir los fines de semana o durante el verano por las carreteras que unen los pueblos de la sierra de Madrid. Mientras rodaba por los arcenes de las carreteras era muy frecuente encontrarte con cicloturistas bien en el mismo sentido o bien circulando por el contrario. La tradición dictaba una ley no escrita que invitaba a la cortesía, al saludo según te cruzas con el otro ciclista, a parar si ves a alguien con algún apuro, acercar tu bidón de agua al que no tenía y compartir tu refrigerio con el que nada llevaba durante la salida.

Desgraciadamente para mí, he andado alejado del mundo cicloturista durante muchos años, demasiados, hasta que me decidí a
arreglar la bicicleta que tenía abandonada y volver a las andadas. En este caso se trata de una bicicleta de montaña, la de carretera, siento tener que decir esto, me da mucho miedo usarla por los arcenes de hoy en día, mucho miedo. Entenderán el porqué.

En ésas estaba esta mañana, con mi bici de montaña disfrutando de una ruta por caminos de arena, pedregosos y hasta con charcos, con la sierra de Madrid como escenario, cuando pasó lo que suele pasar justo en el peor momento, un
pinchazo en la rueda trasera y sin cámara de repuesto, sin parches y sin apenas herramientas. Mientras la rueda tenía aire, intenté seguir montado en la bicicleta con la vana ilusión de llegar a casa antes de que se desinflara del todo, misión imposible. Con una caminata por delante de unos 30/40 minutos por delante, me tocaba a mí empujar la bicicleta mientras andaba.

Llevaba ya unos diez minutos caminando cuando
un grupo de tres ciclistas llegó a mi altura, dos chicos y una chica. Uno de ellos me preguntó si tenía algún problema, rápidamente les conté lo que pasaba, pero no quería interrumpirles su salida del fin de semana por culpa de mi inexperiencia y falta de previsión. Lejos de seguir, pararon y me ofrecieron una cámara de repuesto, yo insistí en que no se preocuparan ya que me quedaba poco para llegar a casa, mentira, pero me sentía muy culpable en mi imprevisión para molestar a los demás. En suma, añadí que al ser la rueda de atrás, me veía más incapaz de colocar una cámara nueva.

No solo no se fueron,
en un abrir y cerrar de ojos, la rueda trasera de mi bici estaba desmontada, con la cámara sacada del interior de la cubierta buscando el lugar exacto del pinchazo. Uno de los chicos sacó de su mochila una pinza con la que extrajo la esquirla metálica causante del desaguisado, parches, lija, pegamento y una mini bomba que yo por ayudar en el trabajo intenté hinchar con ella la cámara reparada pero infructuosamente, las sabias manos de mis nuevos amigos la hincharon en un periquete. En resumen, en apenas unos minutos, la rueda estaba reparada y la bicicleta lista para ser usada de nuevo. Luego de agradecer mil veces su ayuda, emprendí de nuevo mi marcha, para al poco darme cuenta que me había ido sin ayudar a recoger las herramientas de mis benefactores. Cuando me quise dar cuenta, me habían alcanzado en el camino y después de saludarme de nuevo, con su franca sonrisa, desaparecieron detrás de la nube de polvo que iban levantando.

Con los tiempos que corren hoy en día, da gusto ver cómo s
iguen vigentes ciertas tradiciones, como la de la solidaridad ciclista, la que viví tantos años atrás. Al insistir a mis socorristas cómo podía agradecerles su ayuda, nada pidieron a cambio, sin embargo, lo estaban diciendo todo. Para la próxima salida en bici iré atiborrado de parches, con cámara de repuesto y herramientas necesarias para el que las pueda necesitar en el camino. Nobleza ciclista obliga.






miércoles, 13 de agosto de 2014

La banda de Lázaro, Real Coliseo de Carlos III


Esta obra forma parte del programa de verano de la preciosa sala de teatro de San Lorenzo de El Escorial. Los precios oscilaban de los 11 a los 16€, así que si usted va a estar por la zona, no lo dude, acérquese al teatro, la programación cuenta con representaciones todos los fines de semana de agosto y en septiembre, conciertos.

                                                            
                                  diphuelva.es

La Banda de Lázaro -montaje de La Cantera Producciones- nos sitúa en los años 40. Una verbena de cualquier pueblo de España que durante estos días celebra sus fiestas patronales. En esta dura época de posguerra, Lázaro, acompañado de una banda de más de 30 músicos en el escenario, cuenta las andanzas del Lazarillo de Tormes, mientras canta clásicos pasodobles, tangos y canciones populares. Da gusto recordar las andanzas del protagonista de esta historia de la picaresca, en mis tiempos escolares era de obligada lectura, no sé si seguirá siendo así. Y es que de aquí viene la conexión con la actual realidad, cuántos Lazarillos hubo en los años 40 y desgraciadamente, cuántos hay hoy en día, obligados a buscarse la vida lejos de casa y de la familia.

Lázaro está interpretado por Pedro Miguel Martínez, ampliamente conocido por sus trabajos televisivos y cinematográficos. Sólo él carga con el peso dramático de la representación. En los primeros minutos de la obra la respiración agitada de Martínez, tal vez nervios o la excitación propia al comenzar la actuación, sacaba un poco al espectador de la historia, pero afortunadamente, enseguida todo volvió a su cauce. El humor y la ironía, acompañados de la banda que sonaba a la perfección, completan una hora y pico de buen entretenimiento, risas y de reflexiones de cómo se repiten las miserias humanas a lo largo de la historia.


Ya digo que fue solo una hora y pico, la verdad es que se hizo corta.
El público, en su mayoría de edad un tanto avanzada, lo pasó muy bien, cantaba las canciones en una única voz con Lázaro, ay abuela si hubieras estado habrías cantado Raskayú con todos. Las caras a la salida del teatro mostraban una franca sonrisa, termómetro fiable de si ha gustado o no la obra. El montaje no ofrece profundas conclusiones existencialistas o filosóficas, tampoco lo pretende. Ni más ni menos nos recuerda lo que es pasar hambre, el abuso de confianza, el verse obligado a abandonar las raíces. La banda, insisto con más de 30 músicos en el escenario, es la Banda de Música Padre Antonio Soler y estuvo dirigida por Juan Carlos Ordóñez. La Banda de Lázaro, si la ven, pasarán un buen rato.






lunes, 4 de agosto de 2014

Resiliencia, o la resistencia diaria


Desde luego, hay días en que lo mejor hubiera sido quedarse en la cama. La vida en las grandes ciudades conlleva pequeños conflictos ante los cuales, mejor tomárselos con filosofía, cuando menos. Los acontecimientos que vienen a continuación me pasaron en un mismo día. No amigo lector, no se trata de ninguna exageración.

Por la mañana
iba conduciendo mi coche por la ciudad, por una zona de calles estrechas, de un sólo sentido, cuando llegué a un cruce con la prioridad para los que vienen por mi izquierda. Como obliga el Código de Circulación, respeté el Ceda el Paso, pero a unos cinco metros me encuentro con un paso de cebra por el que se disponía a cruzar un peatón que me obliga de nuevo a parar. El conductor que me seguía por detrás, miraba a su izquierda para ver que no venía nadie, no se dio cuenta de que yo había parado en el paso de cebra así que cuando quiso reaccionar, ya era tarde, el choque era inevitable. La cortesía del conductor causante del golpe suavizó la poca educación del peatón que pasó por el paso de cebra, vio el golpe y ni siquiera se paró a ver si podía hacer algo. Muy típico.

                                                       
                               elmercaderdelasalud.blogspot.com

Nada serio afortunadamente, ni para quien me acompañaba, ni para mí. Tampoco para el coche, no merecía la pena ni hacer el parte del seguro. Después de comer, fui al centro de la ciudad, eso sí,
en transporte público. El autobús transcurre por una ruta que me gusta, calles anchas y representativas, plazas monumentales y edificios de bella factura se ofrecen a la vista de aquel que pase por ahí. Bien, pues al poco de montarnos en el autobús mi mujer y yo, una señora de unos 50 años se sentó a nuestra espalda. Ya venía por el pasillo del autobús hablando por el móvil y cuando se sentó, por supuesto, no dejó de hacerlo. Para quien le interesara -imagino que a nadie- y para quién no, daba igual, nos enteramos que la señora estaba divorciada, su ex marido no se iba a ir de vacaciones, de lo cual se alegraba, sus hijos estaban inaguantables pero aún así se los iba a llevar a Canarias, pobrecitos los compañeros de avión, pensé para mí mismo... Así los 45 minutos que duró el trayecto. Hay que ver cuánto daño ha hecho la tarifa plana telefónica, sin duda alguna.

El motivo de ir al centro de la ciudad no era otro que
ir al cine. Como se puede imaginar, la sala estaba prácticamente vacía, qué pena. Entiendo que para sobrevivir los cines se vean obligados a vender palomitas, pero lo que no es de recibo, es el ruido que hacen, en su mayoría, los devoradores de maíz inflado. Como ya he dicho, la sala estaba casi vacía, pero los palomiteros se sentaron en la fila justo de delante y no conformes con el estruendo de sus cucuruchos, se dedicaron a hablar en voz alta, como mandan los cánones del perfecto pesado. Ante el primer sssssssshhhhh, no se arredraron, que va, hizo falta un: queréis callaros, por favor para que dejaran al resto disfrutar de la película.

¿Interesante el día, verdad? Pues todavía queda lo mejor. Afortunadamente vivo en un buen barrio, nada le falta, buenos comercios, quioscos de prensa, bares donde poder tomar algo, pero lo que no tiene la casa donde vivo son unos buenos tabiques. En consecuencia, como pueden imaginar,
se oye todo y cuando digo todo, es todo. Después del día descrito, insisto no está novelado, lo único que se pide a la vida es descansar y quedar dormido cuanto antes para que el nuevo día nos quite el mal recuerdo del día anterior, pero cuando ya estaba en un sueño profundo, una de mis vecinas decidió desempeñar, y a conciencia, el papel cinematográfico de Lassie... no, el perro no, Lassie era el mote de la profesora de gimnasia de la serie adolescente Porki's, ya saben, sobran los detalles. Así, en pleno escándalo de muelles y aullidos, consulté el reloj, pasaban las dos de la madrugada y al día siguiente (laborable) esperaba madrugón y la jornada reglamentaria. Cabían dos opciones: una, taparme los oídos con la almohada e intentar pasar el escándalo, sí sí, escándalo, por alto y no dormir nada en absoluto; la otra, pegar el grito consabido para por lo menos poder dormir un poco. Harto de tanta dosis de egoísmo ajeno en un mismo día, opté por la segunda. No, no piensen que soy una persona rancia que no tolera ninguna excepción, el problema es cuando ésta se convierte en la regla.

Así pues, queridos amigos lectores,
qué importante es la resiliencia para poder seguir con la vida diaria. No sé si en otros lugares del país, del continente, del mundo, pasa lo mismo que aquí. Espero que no, porque desgraciadamente, lo aquí descrito es moneda común. ¿Y usted, tiene alguna experiencia parecida que quiera compartir?




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